Encuentra lo que se esconde

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domingo, 21 de agosto de 2016

Donde las calles no tienen nombre; de Mónica Rouanet

"La soledad era oscura y se acababa de instalar junto a ella, escudriñándola con sonrisa siniestra. La sentía ahí, en la clandestinidad, esperando el momento de hacerse visible."

SINOPSIS 
María del Pilar González de Ayala tiene 35 años cuando huye de la casa materna en el barrio de Salamanca, harta de una madre amargada, castradora y machista que la ha convertido en una "inválida social". El accidente sufrido por su padre junto a su nueva pareja y el asesinato de Gonzalo, el pretendiente que la abandonó en vísperas de su boda, son otra motivación para iniciar una vida propia bajo un nuevo nombre: María González. María sospecha que su madre tuvo relación con esas muertes y, por ello, como detective improvisada, irá descubriendo toda una red de mentiras que implican a su familia, prototipo de aquella burguesía madrileña que enterró y nunca reconoció su apoyo al franquismo con la llegada de la Transición.

Hace tiempo ya que acudí a la presentación de esta novela en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid. Había leído con buenos resultados la anterior obra de la autora (El camino de las luciérnagas) pero hasta ahora ésta ha permanecido a la espera, intervalo durante el cual han sido ambas leídas por otra persona que vota por la primera. Yo no sabría por cual decantarme, pero la balanza se inclina hacia el libro que traigo hoy.

Donde las calles no tienen nombre toma el título de la canción de U2 Where the streets have no name. En ella la autora desarrolla una trama familiar cuyo punto fundamental es el desarrollo detallado de los odios y anhelos que llevan a actuar a cada personaje, con mención especial a dos de ellos: la madre y la hija.

La madre, Doña Pilar, una mujer de ideología retrógrada, es fácil que termine siendo bien odiada por el lector. Impone su autoridad a su hija María, siempre María del Pilar para ella, cuya vida se empeña en dirigir en todos los ámbitos, incluso el sentimental. Las mujeres están para hacer felices a los hombres, para ser buenas esposas y madres, no hay por qué montar ningún espectáculo ante las infidelidades, siempre mantener impoluto el nombre de la familia, qué hay peor que un escándalo, un mal menor ese desliz sexual de tu pareja... Quizá, disponiendo de una capacidad empática lo suficientemente desarrollada, pueda hallarse justificación en el modo despótico y egoísta de pensar de Doña Pilar. Yo estuve intentándolo toda la novela y lo conseguí a medias.

Habiendo vivido desde su más tierna infancia con semejante madre, María no ha tenido más remedio: se ha convertido en una joven mujer insegura, siempre causando impulso de protección en los demás, sin encontrar valor en sí misma, creyéndose dependiente e incapaz de seguir adelante si no es siguiendo el camino que Doña Pilar ha ido extendiendo frente a ella. A lo largo de la novela María intenta salir de esa cárcel de indefensión en la que se cree encerrada, tiene que hacerlo porque quiere resolver una interrogante: el artífice de la muerte de su padre y de su mejor amigo. ¿Están relacionadas? ¿Tiene su madre algo que ver?

El resto de personajes que aparecen, los dos hermanos de María, su psicoanalista, amigos y parejas, antepasados... añaden sus motivaciones a las del resto para formar parte de un juego en el que unos a otros se lanzan la bola de "sospechoso culpable" 


Tenía ganas de quedar pegada a una novela del mismo modo que he quedado pegada a Donde las calles no tienen nombre. Hacía mucho que no leía, por ejemplo, casi cien páginas en un día. Tampoco cualquier libro me incita a abrirlo en el intervalo de sentarme en un banco para hacer un pequeño descanso durante una visita turística a una ciudad al otro lado de Europa. Todo eso lleva a concluir que Mónica Rouanet ha combinado palabras de alguna manera especial para lograr una fórmula mágica.


jueves, 14 de julio de 2016

Presentación de "Cuéntame cosas que no me importe olvidar"; de Pablo de Aguilar González

Una de las aficiones a las que no le puedo dedicar el tiempo que quisiera es la edición de vídeo; por eso hace tiempo que andaba pensando en crear mi propio canal de YouTube. Sin embargo, como hay algo que tengo muy claro, y es que no pienso salir físicamente en los vídeos, me he estado comiendo la cabeza (y seguiré haciéndolo) pensando qué tipo de vídeos puedo subir.

Pero el otro día asistí a la presentación de una colección de novela negra de Ediciones del Serbal llamada La Orilla Negra, entre cuyos títulos se encontraba Cuéntame cosas que no me importe olvidar, de Pablo de Aguilar, uno de los escritores de cuyas letras más disfruto. Así que aproveché y grabé los 6-7 minutos durante los cuales Pablo presenta su novela. ¿Os apetece escucharle? He intercalado en el vídeo algunos fragmentos de su libro y fotos de la presentación.

 

sábado, 9 de julio de 2016

novienvre; de Luis Rodríguez

"Algo no funciona. ¿Estoy enfermo? No me duelen las muelas, tampoco los oídos, no sangro por la nariz ni tengo migraña, la calvicie incipiente no me duele, ni la barriga, no tengo artritis ni desgaste, ni callos ni gota, ni vértigo ni mareos, no meo sangre y respiro con normalidad, no toso, veo bien, tengo veinte dedos y no cojeo, nunca me he tomado la tensión. No, no estoy enfermo. ¿Trastorno mental? Soy un tipo corriente. ¿Quizá mi biografía? No, yo lo he pasado de puta madre. No estoy enfermo ni herido de un avatar. ¿Por qué busqué un tío que me pegara una hostia? Algo no funciona."

SINOPSIS
novienvre es una novela honda, una obra iniciática, autobiográfica, existencialista, una suerte de Stoner (J.E.Williams) a lo cántabro. Una novela que explora el concepto de "identidad" a partir de la experiencia vital de un niño común y corriente que crece y vive en un puebl del norte de España, hasta que, ya adulto, se traslada a la ciudad para estudiar banca. Este nuevo hombre se  llama sencillamente Luis Rodríguez, protagonista y narrador al tiempo; un hombre cuya incapacidad de tomar decisiones, le llevará a vivir la vida dejándose llevar.

Cuando, el último día de la Feria del Libro de Madrid, examinaba curiosa los libros expuestos en la caseta de Tropo Editores, Óscar, el editor, empezó a presentarme los mismos. Y entre todas sus palabras incluyó un concepto que inevitablemente atrapó mi atención... "Nos centramos en dos cosas: rescatar historias olvidadas y descubrir nuevos autores", me comentó, con esas u otras palabras. "Nuestro descubrimiento más reciente ha sido Luis Rodríguez", me reveló. Y me habló sobre su personal forma de ver el mundo y de expresarlo. Y caí por culpa de esa reunión de palabras (descubrir, nuevo, escritor, personalidad), por culpa de que además el escritor en cuestión es español, y por culpa del discurso entusiasmado (y en apariencia sincero) de su editor.

Obtuve parte de lo que quería: una novela diferente, fuera de las formas habituales de escritura, que consigue llamar la atención y que, aunque atendiendo a mi experiencia con ella le falta condimento, no aburre. No pude compartir, sin embargo, todo el entusiasmo con que me fue presentada.

novienvre es una novela corta que incluye un prólogo elogioso de Ricardo Menéndez Salmón y seis partes en las que Luis Rodríguez desarrolla la historia de una vida (¿La suya? A mí no me lo parece, pese a que en la sinopsis se afirme que es autobiográfica. Quizá una autobiografía tocada de surrealismo...) desde la infancia hasta la madurez
"- Espera -dice Jacinta-. La coge y trata de metérsela.
- ¿Está dentro?
- Sí -Me muevo. Se sale-. Espera.
La meto. Si no me muevo, la tengo dentro. Vuelve a salirse. Siento vergüenza ante la sospecha de estar haciendo algo  mal, pero, sinceramente, no sé el qué, ni siquiera tengo claro lo que hay que hacer.
- ¿Será porque somos primos?
- Hombre, no.
No se me ocurre otra razón."
Muestra la realidad cruda, sin temor a reflejar actos y pensamientos pecaminosos o poco elegantes, secretos inconfesables presentes en la vida de la mayoría pero de los que uno no suele dar cuenta. Su realidad se desarrolla, primero, en el pueblo de la infancia de Luis. Tardes interminables de colegio marcadas por el tañido de la campana de la iglesia y las palmas del profesor contra la cara de los alumnos. Tardes de sol que se enreda en los árboles y cae al río, que suena a amigos que juegan y se bañan y se descubren. Pasa el tiempo y llegan los estudios, el trabajo, ya no hay pueblo, la ciudad, y los regresos. Las decepciones, los cambios. Un taller de escritura. Los reencuentros, los recuerdos... Toda la vida, recogida en escenas sueltas, y la muerte.

novienvre es eso: una sucesión de escenas que a veces desconcierta y desubica al lector, lo zarandea de una situación a otra, de un personaje a otro, de un pasado a un presente y a un futuro, del sexo a la monotonía laboral al desencuentro personal al chiste y a la muerte. Nombres propios que aparecen y desaparecen a su antojo. "Me suena Genaro, ¿conocía yo de algo a Genaro?", se pregunta el lector, y viaja al pasado para ver si Genaro estaba ahí, si Luis se lo contó en alguna de las escenas de su vida.


Un libro extraño. No es para recomendar a ciegas. Tampoco es de los que se olvidan, porque tiene algo que permanece en su forma de unir palabras y determinadas ideas originales bien construidas. Pero me ha faltado un núcleo, algo que hiciera que todos sus retazos de vida se unieran en mi cabeza en uno solo, en una "idea madre" tan bien construida como algunas de sus hijas. Ah, y siempre hablo de los finales. Este me gustó, por ser sugerente, pero me pareció tan independiente del resto de la historia como cualquier otro de los retazos mencionados.

sábado, 20 de febrero de 2016

Del color de la leche; de Nell Leyshon

"hay una cosa que tienes que saber.
escribo esto con mi propia mano en este año del señor mil ochocientos treinta y uno y estoy orgullosa de escribirlo con mi propia mano.
ya verás por qué."

SINOPSIS [no sé si conviene leerla o dejarse sorprender]
Elias Canetti escribió que en las escasas ocasiones en que las personas logran liberarse de las cadenas que las atan suelen, inmediatamente después, quedar sujetas a otras nuevas. Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver «sólo un montón de rayas negras» en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita. En Del color de la leche, Nell Leyshon ha recreado con una belleza trágica un microcosmos apabullante, poblado de personajes como el padre de Mary, que maldice a la vida por no darle hijos varones; el abuelo, que se finge enfermo para ver a su querida Mary una vez más; Edna, la criada del vicario que guarda tres sudarios bajo la cama, uno para ella, y los otros para un marido y un hijo que no tiene; todo ello, enmarcado por un entorno bucólico que fluye al compás de las estaciones y las labores de la granja, que cobra vida con una inocencia desgarradora gracias al empeño de Mary de dejar un testimonio escrito del destino adquirido, al cual ya no tiene la posibilidad de renunciar.

sí, voy a ser el colmo de la originalidad y voy a escribir esta entrada como mary escribió su libro. el libro de mary se titula Del color de la leche. sólo tiene mayúsculas en el título.

conocí la novela de mary (o la de Nell Leyshon, si nos rendimos a las mayúsculas) en algún momento y en algún lugar de la blogosfera. y después, compré la novela de mary en la librería más cercana a mi casa, un día en que me propuse comprar más en las pequeñas librerías. la novela de mary fue un regalo para un día de reyes. también, un poco, un auto-regalo. el librero me dijo que era una muy buena novela. los blogueros dicen que es una muy buena novela. es libro del año dos mil catorce por el gremio de libreros de madrid.

y yo digo que es una muy buena novela. es un bibliofilosis letrae. la he terminado hoy y va a resucitar el blog. porque, en una época en que soy un ojo de mal asiento, he encontrado un libro en el que refugiarme por simple placer. de los que está ahí también mientras no lees. voy a ser otra vez el colmo de la originalidad y voy a decir: el mejor perfume viene en frasco pequeño.

me gustan varias cosas de la novela de mary.

para empezar, me gusta mary: es la primera persona más especial que me ha contado su historia. es una campesina que insiste en que nos va a contar todo lo que pasó. así que a algún punto querrá llegar. y ese punto está ahí suspendido durante toda la lectura, y se asoma un poco más cada vez que mary insiste.
estoy cansada de hacer esto y me duele la muñeca de hacer esto.
pero me prometí a mí misma que escribiría la verdad y las cosas que pasaron. eso es lo que voy a hacer.
vive en una granja con su abuelo, sus padres y sus hermanas. trabajan de sol a sol. solo trabajan. yo no sería feliz con la vida de mary, pero ella lo es. esa es la vida que conoce. el campo, los pájaros, ordeñar las vacas, recoger los huevos, arrancar las malas hierbas, arar los campos con sus hermanas y su padre. no desea otra cosa.
a veces me tengo que recordar a mí misma que estoy triste por algo. si no, me pongo contenta otra vez.
pero el dinero es importante para un granjero como su padre. y a su padre le pagan bien si la cede para prestar servicios en una casa cercana. así que se acabó el trabajo duro. no era lo que mary quería, pero no por ello deja de ser feliz con lo que tiene. tampoco por ello deja de decir lo que piensa, porque su lengua es afilada y su mente tan inquieta como su cuerpo. y su pelo, del color de la leche.

otra cosa que me gusta es la construcción. dejando de lado la falta de mayúsculas,  me gusta el recorte máximo. ni siquiera guiones de diálogo son necesarios. descripciones, las justas. nada de explicaciones sin fin, sólo hechos, concisión estricta. es lo único que hace falta, y el lector pone el resto. el lector se imagina los gestos, los pensamientos. el lector construye en su cabeza los personajes a medida que ellos hacen y dicen. y así mary crece, su padre y sus hermanas crecen, y los otros personajes crecen y al final están ahí, enteros.

lo último que me gusta es el desenlace. ahí está todo, ahí se dirige todo y cuando llega, no te lo esperas (no me lo esperé), es perfecto, es perfecto en su forma y en su fondo. hace que te suba algo por la garganta, y con la última palabra ya te ha llegado a los ojos, y con el punto y final está resbalando por la piel de tu cara.

y te preguntas si construiste bien los personajes por lo que hacen y dicen, o deberías cambiar algo de la imagen que tienes de ellos.


sencillo. potente. bibliofilosis letrae.
mary, gracias por contarlo todo.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Los Buenos Vecinos; de Julia Pons Montoro

"Ynmóniel era todo un artista. Le regalaron sus primeras agujas con sólo seis años y un dedal de plata irrompible y acolchado por dentro con terciopelo rojo. Era capaz de hacer vestidos y trajes tan sutiles que prácticamente no se notaban sobre la piel. Podía tejer vestidos de agua, refrescantes para el verano, o trajes de sol para los días nublados, y esas son sólo algunas de las primeras cosas que aprendió a hacer. Tejía inmensos trajes hechos con tela de araña, más suaves que la más suave de las telas, con cuellos plateados y puños dorados y botones de rosas y broches de margaritas y camelias. Confeccionaba delicados guantes con gotas de rocío, entretejidos con algodón de azúcar. Todos los habitantes de la región se volvían locos por tener unos así. Y, además, gozaba de tan buena vista que podía realizar piezas diminutas para seres de todo tamaño."

SINOPSIS
¿Y si la realidad escondiera mucho más de lo que podemos ver a simple vista? ¿Y si no estuviéramos solos? Susana nunca conoció a sus padres e Ynmóniel tampoco, si bien sus vidas son totalmente diferentes. Ella es una jovencita de doce años apasionada por los libros de misterio y enigmas sin resolver, mientras que él es un sastre mágico, capaz de confeccionar tejidos maravillosos dotados de grandes poderes. Pero sus destinos pronto se unirán, pues ambos corren un grave peligro. Extrañas sombras deambulan al acecho, susurrando misteriosas palabras: nada escapa al Señor de la Noche.

Me gustaría poder alabar Los Buenos Vecinos tanto como lo hice con Memorias del otro lado, pero me temo que esta novela autoconclusiva de Julia Pons Montoro no me ha enamorado de la misma forma que lo hicieron los primeros tomos de su saga fantástica.

Nada más empezar a leerla pienso que sí. Ahí está esa fantasía pura, con la marca de color e inocencia tan característica de la autora. Veo a Ynmóniel tejiendo fabulosos trajes que confecciona con sustancias y esencias de toda índole y materia. Ynmóniel, cuyo musical nombre también le sienta como un traje a medida. Parece que no leo sino que sueño ese segundo capítulo, al que tan bien acompañan las ilustraciones de la propia Julia.

Después la ensoñación se me va escapando. Ynmóniel pierde el protagonismo ostentado en un primer momento y en su lugar aparece Susana, una niña de nuestro mundo en la que la autora parece haber depositado reflejos de ella misma. A Susana le entusiasman la mitología, las leyendas y lo sobrenatural; es fácil imaginarla recostada en su cuarto con un libro entre las manos y otros tantos apilados junto a ella, indagando acerca de otras realidades.

La dicotomía entre nuestro mundo y otros mundos la comparte Los Buenos Vecinos con Memorias del otro lado. Parece que también intenta hacernos ver que lo fantástico puede ser tan real como lo que nosotros entendemos por real. Así, muestra la fantasía como algo que está ahí, que ha estado y que estará, aunque permanezcamos ciegos a ello. Esos que se hacen llamar los Buenos Vecinos encarnan una fantasía viva que, cansada de que nadie repare en ella, termina por irrumpir en lo cotidiano sin siquiera llamar a la puerta. Y le toca a Susana recibirla.  

Me he sentido un poco perdida en una historia que no sabía bien dónde me quería llevar hasta que me he dado cuenta de que iba llegando a su fin. Intento explicarlo de otro modo: espero de un relato que me atrape poco a poco hasta apretar muy fuerte (en ese momento en que uno no puede escapar porque viene lo emocionante), para luego ir aflojando paulatinamente hasta dejarme otra vez libre. Pues bien, Los Buenos Vecinos me ha atrapado suavemente y después me ha soltado, pero no me ha hecho sentir que no podía escapar a sus garras de papel. 

En cuanto al desenlace (siempre me gusta hablar del desenlace, cuando hay algo que decir), me pareció adecuado, pero lo que mejor impresión me dejó fueron las últimas palabras. El modo en que recuerdan a ese "y vivieron felices y comieron perdices", pero con un toque especial.


Al final tengo la sensación de que Los Buenos Vecinos funciona muy bien como historia de aventuras para niños pero no logra alcanzar la profundidad suficiente para saciar a lectores de más edad. Ese algo indefinible que tenía Memorias del otro lado lo he hallado aquí muy debilitado. Su construcción se me antoja más sencilla, el mundo en el que se sustenta, algo indefinido y tambaleante. No me convencen sus criaturas y sus leyes internas. Eso sí, lnarración sigue siendo impecable, impregnada de sabor a cuento y llena de elementos que estimulan la imaginación: en varias ocasiones me he admirado de la creatividad inagotable de la autora.


3,5

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