miércoles, 14 de septiembre de 2011

La ladrona de libros; de Markus Zusak

"Discúlpame, qué maleducada, te estoy destripando el final, y no sólo el de la novela, sino también el de esta parte en concreto. Te he adelantado dos acontecimientos porque no tengo ningún interés en ahondar en el misterio. El misterio me aburre, es una lata. Todos sabemos ya qué va a ocurrir. Las intrigas que nos empujan hasta el final son las que me inquietan, me desconciertan, me pican la curiosidad y me asombran.
Quedan muchas cosas en las que pensar.
Queda mucha historia."
SINOPSIS
Érase una vez un pueblo donde las noches eras largas y la muerte contaba su propia historia. En el pueblo vivía una niña que quería leer, un hombre que tocaba el acordeón y un joven judío que escribía cuentos hermosos para escapar del horror de la guerra. Al cabo de un tiempo, la niña se convirtió en una ladrona que robaba libros y regalaba palabras. Con estas palabras se escribió una historia hermosa y cruel que ahora ya es una novela inolvidable.
Vaya con el librito. Estuve a punto de comprarlo en la última Feria del Libro de Madrid, pero como no estaba segura de que lo tuviera ya en casa (mi señora madre compra libros imprevisiblemente, y hay que estar muy atento para descubrir las nuevas apariciones en los estantes), lo dejé pasar. Más tarde, apareció en las estanterías de mi casa. Otra de esas apariciones imprevisibles. Lo leí antes de que mi mamá lo hiciera.

Era algo muy distinto a lo que su sinopsis me sugería, puesto que no había leído tampoco ninguna reseña suya ni nada que me hiciera sospechar que iba de nazis, judíos y alemanes. Menos mal. Tal vez, no lo hubiera leído de ser así. Porque últimamente me da la sensación de haber leído ya suficiente sobre nazis, alemanes y judíos. Así que por favor, que esto no os eche atrás si compartís el mismo pensamiento. No se trata de una historia trillada o típica; al menos a mí no me lo ha parecido. La forma en que está escrito, el estilo originalísimo que emplea Zusak para narrar, y el punto de vista desde el que lo hace (¡la propia Muerte!), hacen de él un libro muy delicioso. De hecho, ha sido una gran sorpresa, y muy grata. A medida que lo iba leyendo me maravillaba más.

Y, cuando lo acabé, todo en él me parecía hermoso. Me hizo llorar. Me hizo amar varias palabras. Algunas alemanas: Saumensch, Saukerl. Otras, españolas: ladrona, beso, acordeón. Incluso el nombre de la protagonista: Liesel Meminger. Me encanta como suena.  
(Nota: si uno se fija atentamente en el alemán que hablan los personajes, incluso puede aprender expresiones básicas del idioma. Yo sólo me aprendí esas dos palabras, las cuales, si os interesáis por su significado, intuyo no me serán de gran utilidad.)

La Muerte es muy simpática. Ya desde el principio, cuando me empezó a contar la historia de Liesel, noté que no era tan mala como la pintaban. Resulta que a ella también le da pena tener que llevarse ciertas almas. Ella también tiene su corazoncito.

Markus Zusak ha hilado una suave red de palabras que atrapan al lector como una tela de araña. Su prosa es tan sencilla como conmovedora. A veces parece poesía. Poesía tan inocente como un niño. Tan inocente como Liesel Meminger.

En cuanto lo empecéis a leer, si alguna vez lo hacéis, notaréis que utiliza una ingente cantidad de puntos y a parte. Espero que no os pongan muy nerviosos los puntos y a parte. Al principio, pensé que ese era el truco. Que eso era lo que le otorgaba expresividad al texto. Y puede que sea uno de los ingredientes, pero no el único. 
También descubriréis enseguida otro recurso, esta vez, uno que no he visto en ningún otro libro. No se como llamarlo. Notitas, post-its, ¿existe un nombre oficial? Os lo muestro con un ejemplo. Estás leyendo y, de repente, te encuentras con esto:

*UN PEQUEÑO DETALLE*
Morirás.

Siempre en relación con el texto que estás leyendo, claro. A mí me daba la impresión de que una imagen se colaba de repente entre las palabras. Una escena fugaz. O como si el narrador hiciera zoom y enfocara un punto determinado de la escena. Si se hojean las páginas del libro, se ve que están llenas de esas notitas fugaces. Antes de leerlo, me llamaba mucho la atención. Otro ingrediente, como el de los puntos y a parte, pero aún quedan...
El último ingrediente es más difícil de describir. Es la combinación de las palabras unas con otras para formar frases. La combinación de frases unas con otras para formar párrafos. La combinación de párrafos para formar capítulos. Eso, hay que leerlo para entenderlo. Lo único que puedo decir es que había veces que una frase o combinación de ellas me parecía tan bonita o expresiva que la leía varias veces, solo para saborearla. Y que los capítulos cortos ayudan a que la lectura sea más rápida.

(¡Ah! ¡El libro tiene dibujos, y libros dentro del propio libro!)

Una última cosa. Yo creía que una historia enganchaba por la emoción, por la intriga, por el dolor de barriga, y todo eso. Pues resulta que no. La Muerte (que, como he dicho, hace las veces de narradora), tiene la mala costumbre de destriparnos el final continuamente. Casi sabemos como acabará el libro antes de terminarlo. La Muerte nos pide perdón, pero el daño ya está hecho. Aún así, como la Muerte dice: [léase cita superior].



CURIOSIDAD: CITAS DE LA LADRONA DE LIBROS EN MUERTE DE TINTA
Después de leer La ladrona de libros, ya que Cornelia Funke había incluido citas de este libro en su Muerte de Tinta (como suele hacer siempre al comienzo de cada capítulo), me dio por recordar cuáles eran. Eran tres, si no he mirado mal, y comprobé cómo puede variar una traducción al español:


Cita 1:
-lLdL: 
*UN PEQUEÑO DETALLE* 
Morirás.
-MdT: 
*UNA PEQUEÑA ANOTACIÓN AL MARGEN* 
Moriréis.


Cita 2:
-lLdL: 
Se removía en ella al tiempo que hojeaba las páginas atestadas de párrafos y palabras.
Qué hijos de puta, pensó.
Qué adorables hijos de puta.
No me hagáis feliz. Por favor, no me cameléis y me dejéis creer que algo bueno puede salir de todo esto.
-MdT:
Hervía de furia mientras contemplaba las páginas, rebosantes de párrafos y palabras. 
Cerdos, pensó ella. 
Queridos cerdos. 
No me hagáis feliz. Por favor no me satisfagáis. No me dejéis creer que todo esto puede originar algo bueno.


Cita 3:
-lLdL:
Arrancó una página del libro y la partió en dos.
Luego un capítulo.
Pronto no quedaron más que trocitos de palabras esparcidos entre sus piernas a su alrededor.
[...]
¿Qué tenían de bueno las palabras?
Esta vez lo dijo en alto a la luz anaranjada que inundaba la habitación.
-¿Qué tienen de bueno las palabras?
-MdT:
Ella arrancó una página del libro y la partió en dos. 
Después un capítulo. 
Muy pronto alrededor de sus piernas yacieron jirones de palabras... 
¿Para qué servían las palabras? 
Después lo anunció en voz alta, en la estancia de color naranja que ardía. 
"¿Para qué servían las palabras?"


Siempre me he preguntado, cuando leo un libro traducido, si será igual de bonito en su idioma original, o debemos al traductor el mérito de que parezca una obra maestra...

jueves, 8 de septiembre de 2011

Antiguo poema de una bibliófila

El terreno es la página,
límpida y pura.
La semilla la tinta,
profunda negrura.
El tallo, las líneas:
cauces de hermosura.
Y las letras, hojas:
tiemblan de ternura.

Las páginas se abren
a un mundo sin alma.
Generosas, ceden
sus luces al alba.
La tinta florece
en bellas palabras.
Sus males olvida
quien huele su aroma.

Arroyos, espejos,
por las líneas flotan
y muestran reflejos
de quien los explora.
¡De cuántos incautos
atrapan miradas!

Caudales de amor,
afluentes que fluyen
hasta el corazón,
portando en sus aguas
cariño y traición.

La magia...
La razón...
La realidad...
La ensoñación...

Mil almas y un Mundo:
La Imaginación.


“Sueño triangular” - Mandela9.wordpress.com

martes, 6 de septiembre de 2011

El nombre del viento; de Patrick Rothfuss

"-Es una palabra. Las palabras son pálidas sombras de nombres olvidados. Los nombres tienen poder, y las palabras también. Las palabras pueden hacer prender el fuego en la mente de los hombres. Las palabras pueden arrancarles lágrimas a los corazones más duros. Existen siete palabras que harán que una persona te ame. Existen diez palabras que minarán la más poderosa voluntad de un hombre. Pero una palabra no es más que la representación de un fuego. Un nombre es el fuego en sí.
Estaba muy confuso.
-Sigo sin comprender.
Elodin me puso una mano en el hombro.
-Utilizar palabras para hablar de palabras es como utilizar un lápiz para hacer un dibujo de ese lápiz sobre el mismo lápiz. Imposible. Desconcertante. Frustrante.- Alzó ambas manos por encima de la cabeza, como si tratara de tocar el cielo-. ¡Pero hay otras formas de entender!- gritó riendo como un niño pequeño. Alzó ambos brazos hacia el cielo sin nubes, sin dejar de reír-. ¡Mira!- gritó echando la cabeza hacia atrás-. ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul!"

SINOPSIS
“Viajé, amé, perdí, confié y me traicionaron.”
En una posada en tierra de nadie, un hombre se dispone a relatar, por primera vez, la auténtica historia de su vida. Una historia que únicamente él conoce y que ha quedado diluida tras los rumores, las conjeturas y los cuentos de taberna que le han convertido en un personaje legendario a quien todos daban ya por muerto: Kvothe... músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, héroe y asesino.
Ahora va a revelar la verdad sobre sí mismo. Y para ello debe empezar por el principio: su infancia en una troupe de artistas itinerantes, los años malviviendo como un ladronzuelo en las calles de una gran ciudad y su llegada a una universidad donde esperaba encontrar todas las respuestas que había estado buscando.
Y por fin, tras años esperando en las estanterías, cayó. 

Sentía especial curiosidad por este libro desde que vi la portada, hace mucho, mucho tiempo. (Hay que saber que ciertas portadas ejercen una irresistible atracción en mi persona que me impulsa a coger el libro que adornan.) Pero no fue hasta que mi padre decidió usarlo como regalo para mi madre (eso hace que, desgraciadamente, el libro no sea mío) que ocupó su espacio en la librería del hogar. 

Su sinopsis, unida a ciertas frases que aparecían en la solapa (en concreto, una en la que aparecía la palabra "magia"), y todo ello mezclado con el hecho de que a mi madre le gustó, terminaron de desconcertarme. Mi mamá no lee literatura fantástica. No le gusta. Entonces, ¿qué narices contiene ese libro? Un libro cuya portada me había atraído, pero cuya sinopsis no me había terminado de convencer en un principio (me imaginaba algo bastante distinto a lo que he encontrado), se convirtió en el libro misterioso de la estantería. Y, como todo lo misterioso, terminó de atraerme hacia él. Y lo leí.



Cosas que he aprendido con El nombre del viento: ahora sé que no es que a mi madre no le guste la literatura fantástica, sino algo distinto: ella dice que no le gusta, pero no es cierto. Lo que no sé es si seguirá diciendo lo mismo, ahora. Todo esto me ha hecho replantearme mi existencia. ¿Sería posible llegar a convencer a mi madre de que leyera... mmm al menos Juego de Tronos? De cualquier forma, dejemos ese interrogante para otro momento, y vayamos al grano.

La cita con la que he comenzado esta entrada: es uno de los varios fragmentos del libro que me han embrujado. Tal vez no el que más, pero al final lo consideré el más apropiado para mostraros, por varias razones:
a) Contiene una idea que me ha rondado muchas veces la cabeza, en especial cuando me siento frustrada al no conseguir algo que deseo, algo que otra persona puede darme. Han sido varias las veces que, soñadora, he imaginado que seguramente existieran las palabras para lograrlo. Una especie de fórmula mágica compuesta de la combinación de palabras perfecta y precisa. Una frase, cualquiera, la más lógica o la más absurda, que lograra que alguien hiciera o sintiera lo que yo quisiera. ¿Por qué no? Y parece que, al menos, uno de los personajes de esta historia está de acuerdo conmigo.
b) Elodin. El nombre se parece a Aladino y Aladino tiene turbante. Tal vez por eso (y porque es profesor) el personaje me recuerde al profesor Quirrell, de Harry Potter. De otro modo, no tiene explicación alguna. Y también tiene un cierto aire de , que lo sepáis. Y, por todo ello y por su extravagancia, Elodin es uno de mis personajes favoritos de esta historia. Hay más personajes extravagantes, pero con este he pasado momentos deliciosos. Me atrevería a decir que los más deliciosos. 

El nivel de atracción que ejerce sobre el lector el devenir de los acontecimientos narrados: tiene altibajos. Personalmente, no es un libro que me haya atrapado desde el principio. También es cierto que pocos lo hacen. Pero recién comenzado, en los primeros capítulos, aún no se hacía merecedor de todos los elogios que sobre él se habían hecho. Le faltaba algo. Ello hizo, incluso, que navegara por la web en busca de opiniones que me animaran a seguir. ¡No! En absoluto pensé en dejarlo, no era tan terrorífico. Simplemente, quería saber que verdaderamente ese libro, tarde o temprano, me daría lo que esperaba de él. Y poco a poco, lo hizo. Llegó un momento en que verdaderamente me enganchó. Y luego volvió a decaer (no mucho), y luego otra vez se hizo atrapante. Así,  más o menos, en resumen: como una ola.

La prosa, la narración: original. Según iba leyendo, notaba que no era igual que otros libros. En las formas de expresarse, o de crear expectación: creo que Rothfuss tiene una forma peculiar de combinar palabras y frases. Me gusta, porque es distinto. Lo que pasa es que la prosa, en general ágil, se me antojaba más elegante en algunos pasajes que en otros, donde parecía un poco más "vulgar". Y no está del todo mal, pero entre eso y que decae en algunas zonas le ha quitado puntos. Tal vez esté siendo un poco estricta, pero es lo que tiene hablar de un libro que tiene colocado el listón tan alto desde el principio. 
En cuanto a los tiempos verbales, utiliza el presente desde el punto de vista de un narrador omnisciente, pero en los capítulos donde el protagonista relata su vida pasada, pasa a primera persona. Ello se traduce a que la mayor parte de los capítulos se narran en primera persona, habiendo pequeños descansos en los que volvemos al presente y vemos como los oyentes de Kvothe reaccionan a sus aventuras. El hecho proporciona  una oportunidad interesante al escritor de jugar a que sus propios personajes se hagan eco del pensamiento del lector. 
Es el propio Kvothe, de hecho, el que pone fin a El nombre del viento y nos prepara para lo que se avecina en el siguiente volumen, El temor de un hombre sabio. El segundo día de los tres en que él tiene planeado relatar su historia...

Aquí os dejo la valoración; dudaba entre 4 y 5, pero finalmente lo he dejado en 4, a la espera de que el autor tenga ocasión de superarse y demostrar lo que vale en el siguiente tomo. 




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