domingo, 30 de junio de 2013

Sorteo Gálora: lista provisional + 5 días de cortesía

Pensé que se animaría más gente, pero por el momento han sido sólo 4 personas las que han participado en el primer sorteo del blog. Me pregunto las razones; tal vez poca difusión; a lo mejor una lista demasiado grande para conseguir puntos que agobió a la gente; o puede que haya quien se haya visto poco atraído por la apariencia juvenil de la novela (que lo es, aunque opino que sus personajes tienen una madurez que los hace aptos para un público amplio). ¡Se aceptan sugerencias, observaciones!

Pese a todo, igualmente el libro tendrá su dueño, y los que han concursado tendrán más posibilidades de resultar ganadores. Así pues, procedo a enumerar a los participantes y los puntos conseguidos, así como algún que otro comentario particular:
  • Mientrasleo. 20 puntos (si no me equivoco, te habías puesto de menos). Números del 1 al 20.
  • Evey Morgan. 9 puntos. Números del 21 al 29.
  • Lesincele. 19 puntos (sumaste 3 puntos de menos, y 2 más porque habías comentado la entrevista). Números del 30 al 48.
  • Angelina. 18 puntos (como te expliqué en la entrada del sorteo, no puedo dar por válidos tus comentarios en reseña y entrevista, ya que me refería a los comentarios "ya realizados" antes de la publicación del sorteo). Números del 49 al 66.

Por si queréis objetar algo, en esto me he basado para sumar puntos:
  • 3 x participar: Mientrasleo (M), Evey Morgan (E), Lesincele (L), Angelina (A).
  • 2 x seguir blog autora: M, E, A.
  • 2 x gustar facebook Gálora: M, L, A.
  • 2 x gustar facebook Alberto Santos: M, L, A.
  • 1 x seguir twitter autora: M, L, A.
  • 2 x seguir este blog (antiguos): M, L.
  • 1 x seguir este blog (nuevos): E, A.
  • 1 x seguirme en twitter: M, L, A.
  • 2 x top bibliófilos: M, L.
  • 2 x comentar reseña: M.
  • 2 x comentar entrevista: L.
  • 4 x banner: L.
  • 3 x anuncio facebook: A.
  • 3 x anuncio twitter: M, E, A.

¡Muchas gracias a todos los participantes!

Para terminar, os anuncio que he decidido dejar 5 días más por si hay algún despistado o indeciso que se anima. Y si os da mucha pereza sumar puntos, ¡lo hago yo!
El plazo finaliza a las 00:00 entre el viernes y el sábado de la semana que viene, y procuraré dar los resultados ese mismo fin de semana. Algo importante que olvidé decir: si en el plazo de 3 días desde la publicación del ganador/a, el mismo no se pone en contacto conmigo a través de mi email (bibliofilosisletrae@gmail.com), el ejemplar volverá a sortearse entre los restantes participantes.

viernes, 28 de junio de 2013

Quizás mañana la palabra amor...; de Jordi Sierra i Fabra

"Siempre había palabras que camuflaban la verdad.
Un manicomio era un manicomio.
Los de dentro estaban locos, y los de afuera, cuerdos.
Más o menos.
Dejó atrás la parada del autobús, no prestó atención a los taxis que pasaban cerca y la miraban esperando una señal; lo único que quería hacer era andar.
En línea recta.
Mil pasos, dos mil, tres mil.
Disponía de toda una vida para llegar a casa del abuelo.
O, al menos, de toda la vida contenida en un día, unas horas, un momento que recordaría siempre.
Los de afuera decían que ella, una de dentro, ya no estaba loca ni era un peligro para sí misma.
Benditos fueran los muy capullos.
Dora no dejó de caminar."
SINOPSIS
Dora escucha cómo las puertas del psiquiátrico se cierran tras ella. Sabe que todavía está en la cuerda floja, como le recuerdan las marcas de sus muñecas. Necesita tiempo para ella, para asimilar lo que pasó, lo que la llevó a esa situación a la que está empezando a sobrevivir. 
 Hilario sabe que todo el mundo tiene secretos. Pero los suyos pesan como una losa. Todavía no sabe si ayudando a los demás se está ayudando a sí mismo. Necesita tiempo para él, para asimilar lo que pasó, aquello que le llevó hasta Dora.
Últimamente me cuesta enfrentarme a novelas juveniles. Tenía ganas de leer algo de Jordi Sierra, un autor del cual creía haber leído más en mi infancia pero ha resultado ser que no. Debe ser entonces que lo admiro de manera inconsciente y sin saber muy bien por qué. Así que aproveché con Quizás mañana la palabra amor..., una novela finita que gané en el blog de Babel.

Al final, no ha sido para tanto ni me ha dejado excesiva huella. Lo que no quiere decir que no sea una buena historia y bien contada para lectores más jóvenes y menos exigentes. Se nota que Jordi Sierra sabe narrar, y en esta breve novela emplea una prosa sencilla, pero fresca y elegante, distribuida en capítulos cortos.

Me gustó el comienzo. El intercambio entre Dora y su psiquiatra. La despedida de su compañera de habitación. Todas estas cosas de médicos me parecen interesantes, debido a lo muy cercano que me es ese mundo. Sin embargo, el periodo de la historia que transcurre en el psiquiátrico es mínimo; la novela se centra más, pues, en el modo en que Dora enfrenta su vida y se acepta a sí misma al salir de él. 

Un narrador omnisciente nos va contando los pensamientos que embargan a Dora a medida que el mundo se despliega ante ella después de un año recluida en el sanatorio mental. Poco a poco se va reintroduciendo en lo que antes era su vida: amigas, antiguos novios, vecinos... y entonces, entre esos pensamientos se intercalan diálogosPero además ha intentado suicidarse, y lo ha hecho por una razón que también tendrá que afrontar, volver a intentar asimilar.

Y sí, en un libro que se llama Quizás mañana la palabra amor... no puede faltar ese sentimiento tan presente en la literatura; tan trillado, me atrevería a decir, en todas las novelas juveniles. La pregunta es, ¿cómo lo hace Jordi Sierra? ¿Es éste otro de esos romances típicos tópicos? A decir verdad no tengo excesiva experiencia en estas lides, pero diría que "mitad y mitad". Me explico.

La otra pieza de esta historia, cuyos pensamientos son también conocidos por ese omnisciente narrador, es HilarioPoco creíble me ha resultado el modo en que "el chico" se enamora de "la chica", pero dejémoslo ahí. En este caso, diría que Hilario es la parte ñoña (por llamarlo de alguna forma) de la pareja, mientras que Dora no se deja llevar tan fácilmente desde el principio (al fin y al cabo, aún está asentándose en su recuperada vida normal). Sin embargo, dejando de lado ese enamoramiento milagroso, Hilario es un personaje bastante digno y me ha atrapado casi más su historia que la de Dora. Él también esconde secretos del pasado, aunque sean bastante predecibles. Pero tiene una vida difícil, con un núcleo familiar desastroso (ganas dan de hacerle algo muy malo a su madre). Trabaja de voluntario haciéndose cargo del abuelo de Dora, que se está recuperando de una fractura de cadera, y será cuando esta regrese a casa cuando se produzca el encuentro entre ambos.

Quizás mañana la palabra amor... es una historia de amor no demasiado pastelosa, aunque sí algo extraña (creíble a medias), entre dos jóvenes que arrastran un pasado perturbador y que, al tiempo que descubren sus sentimientos, intentan volver a tomar las riendas de sus vidas. Recomendable para lectores jóvenes que quieran disfrutar de una historia entretenida y de las letras de este prolífico y reconocido escritor.

3,5

domingo, 23 de junio de 2013

Conociendo a... Pablo de Aguilar González

Hace ya casi un año que Los pelícanos sobrevolaron este blog, y un mes desde que os presentaba la novela Intersecciones, una de las lecturas con las que más he disfrutado recientemente. Es fácil darse cuenta de una de las cosas que tienen en común: el autor. El resto de parecidos están por dentro, y tienen que ver con la capacidad de combinar palabras de dicho autor.
Pues bien, hace ya una semana que tuve ocasión (y fortuna) de conocerle y, tras muchas dudas originadas de mi apego a la vida rutinaria y sin emociones excesivas, decidí que me arrepentiría de por vida si no hacía esto. Y lo entrevisté. Si puede llamarse así.
Era el penúltimo día de la Feria del Libro de Madrid de 2013. En el parque del Retiro brillaba el sol, y alrededor de nuestras palabras piaban los pajaritos...

¿Cómo fue ser alcanzado por la “radioescribidad”? [Os pongo en antecedentes: Pablo es uno de los "autores del meteorito", cuya leyenda dice así. En la Nochebuena de 1858 cayó sobre Molina de Segura un gigantesco meteorito. Cuenta la leyenda que, desde entonces, el cráter emite una misteriosa radiación que ha hecho germinar, ciento cincuenta años después, una generación de escritores como nunca se había visto en toda la comarca…]
Yo no escribía. Hasta los 40 años o así no empecé a escribir. Y siempre cuento (porque esto de la “radioescribidad” es una “frikada”, ya lo habrás podido comprobar) que soy la prueba empírica de que la “radioescribidad” no es una “frikada”: es una teoría probada conmigo. Porque hasta que llegué a Molina [de Segura] no había escrito nunca, y cuando llegué a Molina me dio por ahí. Necesitaba algo que me sacara del mundo de la informática. Dibujo fatal, canto mucho peor que dibujo, y dije: “Bueno, vamos a probar escribiendo”. Y escribiendo, escribiendo, aquí estoy.

El meteorito, expuesto en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

En tus textos hay muchos puntos y aparte y párrafos cortos. Se nota más en Intersecciones, pero también se percibe algo en los Los pelícanos ven el norte. ¿Es algo premeditado o inconsciente? 
Sí, es consciente. Conseguí mi voz (que sí que es mía), con la que yo me encuentro cómodo, gracias a una serie de escritores americanos. “La escuela del riesgo”, se llaman. Si conoces El club de la lucha, el escritor que escribió esa novela es Chuck Palahniuk, y leí alguna cosa de él; algunas me han gustado mucho y otras menos. Pero tienen un maestro con cuatro novelas escritas (el año que viene publica otra) y se llama Tom Spanbauer. Leí mucho sobre ellos, me gustó, y cogiendo un poco de ellos y un poco de lo mío, llegué a esto. Intersecciones es anterior a Los pelícanos y más radical; en Los pelícanos está más suavizado. Tengo dos manuscritos después que quizá estén algo más suavizados. Pero siempre encontrarás una frase corta con un punto y aparte, y siempre encontrarás los coros, esas frases que se repiten, que no es un invento de la escuela del riesgo, los griegos ya lo hacían. Eso es consciente, porque es lo que me gusta hacer y me lo paso bien haciéndolo así. No sé si será repetitivo o no pero a mí me gusta. 
Puede que sí, al principio. Pero luego uno se acostumbra, y acaba gustando. A mí me dicen que un libro está escrito en primera persona, con lenguaje coloquial, muchos puntos y aparte… ¡Y no lo leo! 
Escribo los fines de semana, porque no tengo tiempo los días de diario. Y lo hago porque me gusta y me lo paso bien. Uno, aunque sabe que no va a vivir de ello, tiene que hacer lo que le apetece hacer, y siempre digo (no sé de quién es la frase, pero me la aplico constantemente) que uno tiene que escribir el libro que le gustaría leer. El que guste más o menos, ya es cosa de los lectores. 
Los libros

¿Te influyen tus lecturas mientras escribes? 
Yo creo que en el estilo no. Sobre todo porque he adoptado una especie de voz propia. Puede que haya temas en los que sí. O que saque alguna idea mientras estoy leyendo, o un recurso que me guste e intente, si no copiarlo [risas], inspirarme... Yo creo que no mucho. Hay gente que dice que no puede leer nada sobre lo que está escribiendo mientras está escribiendo. Yo sí; es que, si no, no leería porque no tendría tiempo. 

¿Hay algún personaje de tus novelas que estés más orgulloso de haber creado? 
Sí, sin dudarlo: Nanas. Nanas era un personaje no previsto en esa novela [Intersecciones]. Intersecciones fue un cuento muy malo de una anécdota real que me pasó a mí (la anécdota del supermercado me sucedió realmente). Y de repente Nanas se me apareció en mitad de una página gritando que le picaba el chocho y empezó a hacerse con el control de la novela. Y para mí Nanas es mi personaje favorito de todas las novelas que he escrito. 
¿Incluso de las que todavía no has publicado? 
Sí, sí, sí. Incluso de las que no han sido publicadas. 

Tus personajes tienen mucha humanidad. Entrañables, los llamo yo. ¿Tienes algún truco? ¿Crees que los motes pueden influir? 
Pues truco no tengo, la verdad. A mí me gustan los motes. Pero por ejemplo, en Los pelícanos Hércules [personaje protagonista] se llama Hércules y a lo mejor es un nombre que le va apropiado porque es un antihéroe, pero Hércules [el héroe de la mitología] es un héroe, y se crea ahí un juego. Siempre intento elegir nombres no muy usuales, pero no elijo nombres que vayan con la personalidad, entre otras cosas porque a mí los personajes me van creciendo conforme los voy escribiendo. Y los motes sí que definen una característica: con un solo mote defines al personaje. Cuando dices “la pequeña ballena rubia”, ya estás definiendo que es gorda, que es rubia… Entonces, con los motes, en muy pocas palabras estás “haciendo ver”. Porque es lo importante, a mí me gusta pensar que consigo “hacer ver”. No explicarte nada, sino que tú lo veas, lo sientas. Me gusta utilizar los olores, los sabores, para que el lector se esté metiendo en eso y lo esté viviendo sin yo explicárselo. Es lo que intento, claro, otra cosa es conseguirlo. 

Yo creo que sí… 
¿Y estás escribiendo alguna novela actualmente, o tienes alguna escrita?
Realmente, con Los pelícanos gané el premio un 23 de abril y el 30 de abril ya estaba presentando Intersecciones. O sea, que en una semana publiqué las dos novelas que tengo publicadas y no he vuelto a publicar nada [risas]. Entonces sí, tengo otros dos manuscritos ya escritos. A uno de ellos le he dado ya alguna vuelta y no he conseguido nada con él; otro estoy empezando a moverlo ahora. Y mientras tanto, ya estoy en curso de escribir otra novela, a ver si sale algo. 

¿Puedes contar de qué tratan esas novelas que guardas en el cajón? 
El siguiente a Los pelícanos se llama El istmo del reloj de arena. En las noticias, contaban que en France Télécom hubo muchos suicidios y el gobierno investigaba. No tiene nada que ver con eso, pero sí que el punto de partida de la historia surgió a partir de ahí. Va de un informático. Es la primera vez que escribo sobre un informático (porque yo me negaba) en cuya empresa empieza a morir gente, no se sabe muy bien por qué. Hay una historia un poco “friki”, muy rara… que bueno, una vez que la gente la lea, sabrá si está bien o está mal. Sí que es verdad que ha habido mucha gente que la ha leído y ha dicho que “bueno”; otros que “fenomenal”. Con criterios tan dispares, como no le puede gustar a todo el mundo, si a mí me gusta, la repaso y me parece que está bien, la dejo así. Lo intento, y puede que no salga, que es lo más probable que ocurra con esta novela. 
El último manuscrito que tengo terminado se llama Lo que está por venir y es sobre la Guerra Civil. Me costó mucho decidirme a escribirlo porque hay muchos libros de la Guerra Civil, y todas mis historias son en el presente. Esto es porque no tengo mucho tiempo, y el hecho de escribir sobre el pasado te obliga a documentarte mucho más. Pero fue una historia que me enganchó de una exposición que hubo en El Prado, acerca del exilio de los cuadros cuando en la Guerra Civil se los llevaron a Valencia, luego a Cataluña, luego a Francia y a Suiza… Creo que estaba escribiendo Los pelícanos cuando me enteré de aquello, y desde que lo oí me provocó. Se lo dije a Paco López Mengual, que escribe mucho de esa época, pero no lo escribió. Y dije “bueno, pues para mí, vamos a empezar”. Y entonces la escribí. No es una novela histórica, pero sí que está en un entorno histórico, con unos personajes también muy míos, pero sí que siguen un guión y un viaje que es el que siguieron los cuadros. 
Y ahora estoy intentando escribir algo sobre la crisis, sobre gente que se ha quedado sin empleo y un poco más marginada. Pero estoy muy al comienzo y no sé qué va a salir. 

¿No te has planteado la posibilidad de publicar en Amazon? 
En eso soy un mar de dudas. Soy muy voluble. Un día digo: “venga, voy a subirlo, por lo menos que alguien lo lea”. El istmo del reloj de arena he estado a punto de subirlo varias veces; de hecho, diseñé una portada. Pero hay un problema con Amazon: hay muy pocas obras que merezcan la pena. Siempre me he negado a la autopublicación por un tema de filtro, de autocensura. No soy crítico, necesito pasar por un filtro y que alguien me diga: “esto merece la pena que esté en la calle”. Me da mucho pudor sacar algo a la calle si alguien no ha dicho: “esto merece la pena que alguien lo lea”. 
Por otra parte, Amazon es un mundo que está tomando una deriva que no me gusta nada. No me gusta el tema de la generación Kindle, y quiero apartarme un poco de eso. 
Luego hay otro tema, y es que en Amazon, como no estés todo el día machacando y machacando, no vendes. Para autopublicarte tienes que ser el escritor, el corrector, el maquetador, el publicista y el de logística. Y yo no quiero ser todo eso, yo solo quiero escribir, a mí todo lo demás no me gusta. Prefiero cobrar una birria de derechos de editorial (cuando los cobras, porque yo de Intersecciones aún no he llegado a cobrar nada); sé que no voy a vivir de esto. 

¿Cuál ha sido tu momento más feliz como escritor? 
El día que me llamaron para darme el premio “Qué Leer”. Porque además, es que me hicieron sufrir. No se me olvidará: me llamaron un 19 de marzo, por la noche. Yo me iba de puente a Albacete. Me llamó el director de “Qué Leer” y me dijo que mi novela estaba entre las finalistas, pero que había un problema. Me contó una película. Los pelícanos es muy suyo, y el primer capítulo era mucho más fuerte de lo que es, mucho más explícito. Me dijeron que mirara a ver si lo podía suavizar un poco. Estuve en Albacete, intentando cambiarlo. Lo cambié, se lo envié, me volvieron a llamar, e incluso me llegaron a proponer cambiarle la fobia principal al protagonista. Podía intentarlo, pero lo primero, no en una semana, y lo segundo, saldría otra novela distinta. Y el mismo director de “Qué Leer” me dio la razón. Ese mismo día, ya por la tarde, a mediodía, me dijeron: “Oye, que lo tienes, que es tuyo”. 
El día que me dieron el premio, la fiesta ya era como estar en una nube. Era el día antes de Sant Jordi. Pero al día siguiente me hicieron ir a firmar libros a Las Ramblas. Tenía una cola, que estuve desde las cinco y media de la tarde hasta las nueve de la noche sin parar, sin parar, firmando libros. Aquello fue espectacular. Claro, fue uno de los momentos más felices de mi vida como escritor. No se ha vuelto a repetir. Y era la primera vez que firmaba libros…

¿Cuál fue el origen de de tus novelas? ¿Qué fue antes, el título o la novela? 
En Intersecciones lo primero no fue el título. De hecho, puede que la enviara a algún concurso llamándose Circunferencias secantes. Algún amigo me dijo que parecía un tratado de trigonometría; le dije que era verdad. Y [Manuel] Moyano, que es un gran titulador, dijo que lo importante eran las intersecciones. Y se quedó con Intersecciones
En el caso de Los pelícanos ven el norte, sí que lo primero fue el título. Surgió años antes de la novela. Yo iba conduciendo y oí a un naturalista hablando por la radio, diciendo que los pelícanos tenían un puntito azul en la visión que les indicaba el norte. No lo he vuelto a oír, ni a leer, ni a encontrar por ningún sitio. A veces creo que hasta lo soñé; pero no, estoy seguro, porque sé hasta por dónde iba conduciendo… Conduciendo, pensé: “los pelícanos ven el norte”. Y a partir de ahí me gustó la frase y se me grabó (y eso que a mí se me olvida todo). De hecho, al mismo que me dijo lo del tratado de trigonometría tampoco le gustaba “Los pelícanos ven el norte”, y me dijo que lo cambiara por “La mirada del pelícano”. Ahí sí que dije: “no, no, esto es Los pelícanos ven el norte”. Yo sabía que Los pelícanos ven el norte tenía que ser de alguien que estaba perdido, pero me costó tiempo llegar a encontrar la historia. Luego encontré lo de las fobias, y eso me fue ayudando. Pero lo primero que apareció fue el título. 

A la hora de escribir, ¿tu objetivo es únicamente mantener enganchado al lector, o más bien hacerle pensar, o experimentar sensaciones? ¿Quieres transmitir algún mensaje claro en tus novelas? 
Sobre todo sentir. Más que pensar, más que transmitir un mensaje. Aunque dicen que la literatura tiene que transmitir un mensaje, y más en los tiempos que corren, yo es que tampoco me siento quién para transmitir mensajes a nadie. Entonces, sobre todo sentir: sentir un poco lo que están sintiendo los personajes, crear una historia que esté bien. Hombre, me gustaría enganchar, lo que pasa es que es complicado, a veces sale y a veces no sale. Por ejemplo, en los últimos manuscritos me han dicho que cuesta un poco ponerse en marcha; sin embargo, cuando lo repaso, pienso que al principio es necesario sembrar para que luego salga la planta. Y que el principio tenga que ser fulgurante para enganchar al lector es verdad, ayuda a conseguir lectores, pero tampoco tiene por qué ser una prioridad. Cuando me dicen que han sentido con la novela, es lo que más me gusta, porque mi intención principal es sobre todo hacer sentir.

¿Qué pregunta le harías a un lector que haya leído cualquiera de tus dos novelas?
[silencio momentáneo] ¿Te ha gustado? [risas] Sobre todo eso, la pregunta es esa. Porque si me dicen que les ha gustado ya todo lo demás está colmado. Hombre, interesan las cuestiones técnicas y demás, pero no creo que sea lo más importante. Sobre todo si te ha gustado y si en algún momento te ha emocionado, y dónde te has reído, porque a lo mejor coincide con donde yo me he reído mientras lo escribía… Luego me di cuenta de que cosas que a mí me emocionaban resulta que la gente las ha pasado muy por encima.

¿Hay malos y buenos en tus novelas, o solo personas?
Hombre, lo que me interesaría es que no hubiera malos malos y buenos buenos, que no fueran estereotipos. Todo el mundo tenemos nuestra parte buena y nuestra parte mala, y los malos tienen que tener su parte buena y los buenos su parte mala. No me interesan los estereotipos, aunque no sé quién decía que, cuanto peor le vaya a tu protagonista, mejor te va a ti… Intento huir de los estereotipos y, si me sale alguno, me da rabia.

Mejor libro y personaje que hayas leído últimamente… 
Para mí, uno de mis libros favoritos es La ciudad de los cazadores tímidos, de Tom Spanbauer. El protagonista es espectacular, hay una serie de personajes más espectaculares, y todo este tema que he comentado antes de los coros él lo hace mucho y lo hace muy bien. Es el primero que me viene a la cabeza, porque creo que es de las novelas que más me gustan. Soy muy poco mitómano, y con escritores mucho menos (si acaso con cantantes); sin embargo, si Tom Spanbauer viniera a Madrid, o a Barcelona, haría lo posible por ir a verlo, porque es un tío que me encanta.
El libro favorito del escritor

¿Te gustan los finales felices? 
[AVISO: ¡no leáis las letras grises si no queréis saber la dosis de tristeza o de felicidad que contienen los finales de las novelas de Pablo!] No; de hecho, el final de Los pelícanos es así porque tenía que haber buen rollo para el concurso… Un final mucho más mío es el de Intersecciones. Es verdad que me pasé de vueltas con el final de Los pelícanos; está retocado después de que lo leyera mi mujer y alguien más, porque era mucho más dulzón de lo que fue. Que ya era [risas]... 
No me van mucho los finales felices, y menos con moraleja. Si tiene que terminar bien, termina bien. Pero me gusta más un final, tampoco amargo o que termine mal, pero no tan “fueron felices y comieron perdices”.

¿Prefieres que un libro te haga llorar, o reír? 
Las dos cosas. Me da igual. Yo me parto con la literatura de humor de Eduardo Mendoza; me encanta. Y luego, de llorar, quizá Tom Spanbauer sea el tipo de novela que en un momento dado pueda hacerte llorar… También es verdad que soy muy frío leyendo; cuando estoy leyendo no exteriorizo nada. Si estoy leyendo y suelto una carcajada o se me pone un nudo en la garganta, eso es un gran éxito del escritor. 

¿Papel o ebook? 
Leo ya mucho en ebook. Es que es muy cómodo. Para publicar prefiero el papel; lo cual es una contradicción, quizás… seguro. Un poco por tontería, por el prestigio, porque el mundo del ebook está todavía muy incipiente y no sabe dónde va a ir, porque el lector de ebook me está decepcionando mucho con el tema de Amazon… Pero bueno, yo leo mucho en ebook, y es comodísimo. Y me parece que las nuevas generaciones van a ir por ahí, porque han nacido con eso.

Y, para terminar: ¿qué libro estás leyendo ahora?
Pues precisamente, uno de Amazon [risas], después de todo lo que he dicho… La historia escrita en el cielo. Es de una escritora que me gusta, Carmen Martínez Gimeno. Acabo de terminar En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán, que estuvo hace poco en Murcia. De hecho a mí los premios Planeta no me llaman nada la atención, y este era del ochenta y tantos y me gustó mucho. Y un libro de Paco López Mengual, que es divertidísimo y lo recomiendo: Maldito chino.

Y estas fueron todas las (tímidas) preguntas con las que asedié y robé vilmente el tiempo a Pablo quien, cargado de paciencia y amabilidad, equilibró la balanza, convirtiendo en una gran experiencia esta entrevista de novata.  ¡Muchísimas gracias!
Y a vosotros, si habéis conseguido llegar hasta aquí, gracias también. Espero que os haya gustado conocer a Pablo y, los que no lo hayáis hecho ya, os animéis aunque sea un poquito a sentir sus letras...

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PS: con tanta publicidad subliminal, no sé si podré resistir mucho tiempo sin leer algo de Tom Spanbauer...

jueves, 13 de junio de 2013

Siete Cruces; de Roberto García Cela

"Esa mañana se levanta más tarde de lo ordinario, con la camiseta que llevaba el día anterior oliendo a cebolla pasada de fecha y sin nada en la parte de abajo.
¿Lo habrá soñado?
Va al baño para orinar y según apunta al centro de la taza, sin levantar la tapa, hace la prueba.
Constriñe los abdominales y sube unos centímetros.
Sin parar de carcajearse, sigue elevándose y termina orinando con la cabeza tocando el techo."
SINOPSIS
Seis personas recobran el sentido en un lugar que no conocen, confusos y maniatados. Su secuestrador, un niño de seis años acompañado de una mujer asiática, desgrana poco a poco su pasado, mostrando las peculiaridades de cada uno y el extraordinario nexo común que les ha llevado allí, hasta alcanzar el final que motiva su reunión. 
 En una historia donde lo importante es la reacción de cada personaje al poder excepcional que desarrolla, el narrador presenta un relato de relatos donde personas normales dejaron de serlo sin previo aviso y lucharon por integrar sus cualidades sobrehumanas en la cotidianidad de su existencia.
Esta es otra de las novelas que leí en época de exámenes y que tenía pendiente de reseñar. Llegó a mis manos gracias a la generosidad del autor. 

Admito que al principio no las tenía todas conmigo porque el tema de los "superpoderes" -que me sugiere superhéroes, que a su vez me hacen pensar en la típica imagen de superhéroe de los tebeos- no me atrae demasiado. A mí que no me saquen de las películas de Spiderman... Sin embargo, nada que ver. Los personajes de esta novela tienen superpoderes, pero a mi parecer, no son superhéroes. Desprenden incluso más humanidad que el humano más pintado. La naturaleza humana aparece desnuda y diseccionada en esta novela, que penetra en las entrañas de cada personaje, sin dejar a un lado, incluso destacando más, el lado más tenebroso de las mismas.

La narración nos sitúa en un lugar de localización desconocida. Al principio no sabemos nada del mismo, ni tan siquiera cómo es, pues estamos metidos en la piel de un personaje que no ve. Después, a través de las sensaciones que, poco a poco, van llegando a los órganos de los sentidos de los ocupantes de la habitación, se nos va revelando el escenario. Siete cruces, sólo algunas de ellas ocupadas por sus crucificados respectivos. Una niña asiática y un pequeño de unos siete años con una camiseta de Elmo que dice, con una "s" poco visible, que hay que comer (s)ano. El principio se me hizo un poco cuesta arriba, y algo difícil lograr entender qué personaje era quién, entre tanta oscuridad y palabras susurradas: el autor no empleaba nombres, sino características de sus voces, o de su físico, para referirse a ellos.

A lo largo de la narración se alternan capítulos ambientados en ese peculiar escenario de cruces en círculo, con otros en los que se nos relatan las historias que llevan a sus espaldas esa serie de almas, condenadas a esperar que les sea revelado el destino que la joven y el niño les tienen reservados. Fueron estos últimos mis favoritos, mientras que los primeros se me hicieron algo pesados y estaba deseando que un nuevo personaje entrara en escena, descubrir qué poder debería asumir en su vida, y penetrar en su humanidad más oscura y descarnada.

Aunque sí que sería necesaria una revisión para corregir múltiples errores salpicados por el texto, me ha gustado la forma de narrar de Roberto, bastante personal y bien trabajada. Es necesario avisar a los lectores más sensibles de que hay escenas que pueden resultar duras. No se repara en sutilezas a la hora de describir acciones desagradables o actos escandalosamente inmorales. Es una especie de escaparate de las bajezas que el ser humano puede llegar a alcanzar, y Roberto sabe hacernos penetrar en ellas gracias al buen uso que hace de las palabras, describiendo con maestría las sensaciones hasta casi hacerlas tangibles. En mi caso esa crudeza no me ha molestado; lo admito: me ha fascinado. Eso y la forma en que un poder aparentemente maravilloso puede resultar frustrantemente inútil. Eso y el modo en que cada uno de los personajes reacciona y hace uso de sus talentos recién descubiertos. Volar, poder volverse invisible, ser inmune a todo daño o  poseer una fuerza bruta son algunas de las capacidades especiales que irrumpen en la vida de personas que hasta entonces creían ser normales. 

Sin embargo, curiosamente, ha habido sentimientos menos logrados como el cariño o la ternura que en ocasiones los personajes parecían intentar transmitirme, pero no lograba conectar con ellos.

En cuanto al desenlace, me dejó bastante fría. Esperaba algo más sorprendente, tal vez más épico o mejor explicado. Me quedé con una sensación de final "tambaleante", poco consistente. 

En definitiva, creo que el punto fuerte de Siete Cruces reside en las historias individuales de los personajes que la componen, pero no ha llegado a convencerme el modo en que se unen las mismas. Dado que este nudo central que une los diversos hilos no supone una extensión importante, puede considerarse Siete Cruces como una serie de relatos que se leen con facilidad y son capaces, al menos en lo que a mí respecta, de satisfacer al lector

3,5
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*Pinchar aquí para acceder a Siete Cruces en Amazon.
**Pinchar aquí para acceder al blog de la novela.

viernes, 7 de junio de 2013

Sorteo Gálora: libro firmado + marcapáginas

Hace poco llegué a 100 seguidores y, como no hice ningún sorteo para celebrarlo, bajé a 99: alguien debió enfadarse, sin duda. Pero bueno, ya he vuelto a sobrepasar la cifra. Y podría ponerlo como excusa para celebrar este sorteo, que es el primero que tengo la oportunidad de organizar (¡qué ilusión!); sin embargo, no sería posible de no ser porque la autora ha tenido la amabilidad de cederme un ejemplar. ¡Gracias!

Pero esperad. Nunca os he dicho algo, y es: ¡muchas gracias por estar ahí! Pretendo que este pequeño sorteo también sea una forma de agradecéroslo. 

Y, hechas las presentaciones, os cuento:

¿Qué se sortea? El premio para los afortunados será un libro en papel y tinta de Gálora: ojos de fuego  (sinopsis y reseña aquí) firmado por la autora, y un marcapáginas a juego. Además, la firma será personalizada para el/la ganador/a.

Como otro de los objetivos es dar a conocer la novela de Lourdes, el único requisito para participar es comprometerse a realizar una reseña de la misma una vez que la hayáis leído, en vuestro blog o cualquier sucedáneo. Sin fechas límite ni prisas; simplemente, leedla y contadnos que os ha parecido, cuando mejor os venga. No os puedo hacer firmar un contrato para esto, ¡pero confío en vosotros, bibliófilos! Sólo por participar, tenéis 3 puntos.

Y lo que podéis hacer para sumar más puntos es lo siguiente:
  • Ser seguidores del blog de Lourdes: 2 puntos.
  • Que os guste el facebook de Gálora: 2 puntos.
  • Y también el de Alberto Santos, Editor: 2 puntos.
  • Seguir el twitter de la autora: 1 punto.
  • Seguir este blog: 1 punto para los nuevos (a partir de Xulieta); 2 puntos para los veteranos.
  • Seguirme en twitter (@BibliofilosisL): 1 punto.
  • Estar en el Top bibliófilos: 2 puntos.
  • Haber comentado la reseña del libro o la entrevista a la autora: 2 puntos por cada comentario.
  • Llevaros el banner del sorteo a vuestro blog: 4 puntos.
  • Publicar una entrada anunciando el sorteo y/o la novela: 6 puntos; 10 puntos si la entrada es individual.
  • Anunciar el sorteo en facebook y/o twitter: 3 puntos por anuncio. Los anuncios deben incluir un enlace a esta entrada. 
Finalmente, sólo queda dejar el comentario diciendo que participáis y añadiendo los enlaces correspondientes si deseáis sumar más puntos a los 3 iniciales. 

El plazo para apuntarse finaliza a las 00:00 entre el 30 de junio y el 1 de julio, y posteriormente a esa fecha se realizará el sorteo mediante www.random.org y serán publicados los resultados. El sorteo es nacional

Y eso es todo. Yo creo que es una novela muy disfrutable, especialmente para aquellos a los que os guste la fantasía. A los que no os atraiga tanto el género, diría a favor de esta historia que huye de los tópicos habituales, o esa es la impresión que tengo. No hay elfos, ni unicornios, ni ninguna de esas criaturas fantásticas que todos solemos imaginar. Al menos de momento... Y, a cambio, sumerge al lector en todo un mundo de paisajes evocadores. ¿Os atrevéis?

¡Que la suerte os acompañe!

Si tenéis cualquier duda, no dudéis en preguntarla a través de los comentarios o de mi correo (bibliofilosisletrae@gmail.com).

PD: hay otro sorteo activo en el facebook de Alberto Santos, Editor, donde podréis conseguir éste y otros 3 libros más de la editorial.

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