sábado, 28 de junio de 2014

Lo que encontré bajo el sofá; de Eloy Moreno

"Dejé la taza en la cocina, cogí el abrigo y salí a buscarme."
SINOPSIS
¿Qué ocurre al mover un sofá? ¿Y al mover una vida? Quizás encuentres objetos -o personas- que ya habías olvidado, un calcetín que se quedó sin pareja o una pareja a la espera, esquirlas de otra vida... o uno de esos secretos que te obliga a pronunciar la frase que lo cambia todo: "tenemos que hablar" ¿Y si movemos una sociedad? Entonces uno se da cuenta de que vive en un lugar con demasiados gusanos para tan poca manzana. Pero también un lugar donde, al observarnos, descubrimos que somos los primeros en hacer aquello que tanto criticamos.

En un plisplas me leí Lo que encontré bajo el sofá. Todo un récord tratándose de mí, que últimamente suelen durarme semanas. Pues ésta, cayó en tres días. Eso es algo bueno, y en general me llevo el recuerdo de una buena lectura, pero no de una lectura que vaya a recordar mucho tiempo. Es decir, que después de todas las fantásticas opiniones que había leído pensaba que me iba a dejar más huella, que no sólo iba a tratarse de una novela entretenida y fácil de leer.

Lo que sí que he podido llegar a entender es ese afán por conocer Toledo que se despertó en la mayoría de los lectores. Estuve en Toledo poco antes de leer la novela y aún así sentí ganas de volver y fijarme en los detalles en los que no había reparado. Lo mío fue una visita rápida, pero Lo que encontré bajo el sofá es a veces la transcripción de una visita guiada entre rincones y leyendas. Dan ganas de regresar a buscarlos, de hacer la visita de noche para comprobar si de verdad es más mágico. Me he acordado mucho durante la lectura de El coleccionista de relojes extraordinarios de Laura Gallego, del cual no recuerdo nada la trama pero sí me dejó grabada la imagen de una ciudad laberíntica y medio fantástica,  y curiosamente, como en la novela de Eloy, también aparecían relojes como elemento importante.

Eloy escribe de forma sencilla pero con gran sensibilidad, a base de escenas cortas que se van intercalando, y con alguna que otra frase para pensar o para sorprenderse escondida entre las letras.

Me ha gustado ese caleidoscopio de vidas que refleja el autor. Pese a centrarse en dos o tres protagonistas de edades variadas, en el texto se incorporan brochazos de otras existencias que se desarrollan al mismo tiempo en lugares más o menos próximos, asomándonos a las ventanas de los edificios para penetrar en las privacidades de hombres y mujeres, adultos y niños, que llevan a cabo actos de diversa moralidad.

El argumento se apoya en temas de actualidad; hay mucha reivindicación relacionada con la situación de España, especialmente con la corrupción a todos los niveles de la sociedad. No es algo que haya hecho menos interesante o más pesada la lectura, pero sí que me he planteado si no era suficiente con todo lo que leemos ya en las redes sociales como para además encontrarte con ello en una novela, que suele leerse para desconectar. Dejando de lado la novela, a veces me cansa tanta negatividad por todas partes.

Es divertido leer historias sin saber exactamente lo que vas a encontrar. Esas sinopsis que dicen mucho sin decir nada. Ahora estoy con una que me está dejando del revés con su argumento (lo cual me encanta). Debajo del sofá he encontrado aproximadamente lo que esperaba después de leer otras opiniones, pero aún así no sabía por dónde iban a ir exactamente los tiros. Debajo del sofá va por todo lo que esconden las personas más allá de la superficieHay pelusas de polvo asquerosas y objetos perdidos y añorados. Pensadlo. Debajo de este osito con gafas que lee un libro hay algo más que algodón. Debajo de cualquiera de vosotros hay mucho, mucho más de lo que nadie que no seáis vosotros pueda imaginar. Hay cosas malas y buenas... Hay ositos asesinos... 

(Pero no os vayáis, ¡que era una forma de hablar!)

3,75

martes, 24 de junio de 2014

Los Diletantes (El Quinto Sello I); de Antonia Romero

"— [...] Los Diletantes somos los únicos vampiros a los que les importa la estabilidad del mundo humano, los únicos que nos preocupamos por que tengan cierto bienestar.    
Aparté el plato y la miré, sin poder evitar cierto desprecio.
—Vosotros no los necesitáis. Podéis jugar a hermanitas de la caridad, pero igualmente los menospreciáis.     
—Muchos son despreciables. Se matan entre ellos, roban, violan y hacen daño a las personas que les aman.
—Pero también los hay que se sacrifican y aman si reservas, se entregan a los demás y luchan por mejorar el mundo que se han encontrado."

SINOPSIS
Ada tiene dieciséis años y acaba de perder a sus padres en un accidente. Desde que despertó del coma tiene extrañas pesadillas que la atemorizan y cuando alguien la toca recibe visiones de sus vidas. Su hermana se hace cargo de su tutela y se la lleva a vivir con ella a un pequeño pueblo, cercano a Barcelona. Ada intenta integrarse, y acepta retomar sus clases de piano con Andrew, un misterioso y joven profesor que despierta en ella sentimientos contradictorios. Pero cuando su piel roza la del joven inglés se muestra ante ella un personaje de otra época, un accidente de caballo y su muerte. Andrew ayudará a Ada a recordar lo que ocurrió realmente la noche en que murieron sus padres, le mostrará un mundo de oscuridad en el que cuatro razas de vampiros pueblan la Tierra. Descubrirá que su destino era ser una Diletante y tendrá que aceptar una realidad de la que ya no puede escapar y en la que quizá no pueda sobrevivir.

De acuerdo con la multitud de opiniones leídas durante el tiempo que esta novela permaneció en mi limbo de libros por leer, Los Diletantes prometía ser una obra juvenil original, alejada de los manidos argumentos vampíricos que se han puesto de moda últimamente. Había leído La tumba compartida, de la misma autora, y resultó poseer una trama trepidante, así que llegué a creerme sin dificultad lo que prometían las reseñas. Pero me he llevado una decepción.

Esta primera entrega de saga vampírica comienza muy aceptablemente, con una adolescente en un entorno familiar difícil, un personaje con fondo, una protagonista fuerte y con la que uno podría identificarse. Entonces, la cosa parecía pintar bien. Sin embargo, pasaban las páginas y, para mi gusto, no había suficiente emoción, no acontecían demasiadas cosas o lo hacían muy despacio. Y, cuando ocurrían, no me parecían tan sorprendentes o distintas de lo habitual en este tipo de novelas

Tanto la protagonista femenina como el masculino (cuya identidad prefiero no revelar por si acaso) me han atraído bastante en sus inicios por la historia que había detrás de ellos y por su personalidad. Me gustaba que se encontraran el uno con el otro, escuchar lo que tenían que decirse e ir descubriendo sus secretos. Sin embargo, para mi asombro y terror, a medida que avancé en la lectura empecé a adivinar un parecido que jamás hubiera querido encontrar en esta novela, un parecido a las de Stephenie Meyer (las únicas de esta temática que he leído). No todo, pero algunos elementos; en especial, el romance y sus dos partes integrantes. A partir de ahí no pude seguir leyendo sin ver las caras de Bella y de Edward, y sobre todo la de él, difuminadas sobre las de Ada y su pareja masculina. 

En todo ello, además, influye mi poco entusiasmo por las historias de vampiros y el hecho de que cada vez conecto menos con las novelas juveniles. Que yo no haya sabido disfrutar de esta no quiere decir que otro tipo de lector no pueda hacerlo, porque la calidad de escritura de Antonia es buena y sus historias están bien urdidas. Por eso he decidido no continuar con esta saga y centrarme en el resto de obras de la autora (que además acaba de publicar una nueva cuya sinopsis me ha picado la curiosidad).

Se trata, en definitiva, de una novela entretenida hasta cierto punto, aunque no he podido evitar que se me hiciera un poco cuesta arriba. No he logrado empatizar con el carácter de la historia y de los personajes. Y aunque no me la recomiende a mí misma, sí creo que puede gustar a un perfil de lector más joven o más dado a leer historias de amor paranormal.

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**Pinchar aquí para acceder al blog de la autora.

domingo, 15 de junio de 2014

Féyzlim en el País de las Quimeras (Memorias del Otro Lado I); de Julia Pons Montoro

"Féy cada vez estaba más perpleja y no sabía qué decir. A lo mejor no había sido una buena idea elegir aquella chimenea: estaba empezando a asustarse. Sin embargo, el rostro sonriente de la mujer la tranquilizó. ¡Aquella debía de ser la bruja Delrevina!  
– ¡Ah, oscuro! Como eres de aquí, sabes cómo no venir. Una eternidad, una eternidad y no te ayudo –la mujer se fue andando tan contenta sobre las manos hacia la silla gigante y dejó encima de ésta la bandeja. Después se dirigió hacia Féyzlim y estiró una pierna hacia ella–. ¡Anda grande, no lo cojas y no me sigas! –Féy estaba congelada, pero creyó entender que la bruja pretendía que ella la agarrara de un pie. Titubeó y finalmente lo hizo. Entonces la fábezmik se sintió atraída por una fuerza invisible y, al igual que si fuera un imán, se quedó pegada al techo por las manos, con el pelo erizado hacia arriba."


SINOPSIS
Al principio de los tiempos los innumerables Reinos mágicos se encontraban unidos y en equilibrio. Entonces llegó el misterioso Tejedor de Engaños y provocó la Gran Caída, un cataclismo que hizo que la Dimensión Mortal -nuestro mundo- se separara de los demás Reinos. Fue así como los humanos olvidamos de donde procedemos. Muchos siglos más tarde nace Féyzlim, una fabezmik, creada a partir de sueños cumplidos. Desafortunadamente, no tardarán en robarle a su mejor amiga: su sombra. Para poder recuperarla se verá envuelta en un largo y peligroso viaje en el que descubrirá mucho más de lo que creía saber sobre el fascinante mundo que la rodea.

Hoy he terminado de leer esta breve novela, y hoy, antes de que la magia que ha dejado en mí se vaya evaporando, diluyéndose en el aire, vengo a encerrarla entre estas letras para que no se me escape. 

Y para hablaros de lo que he hallado en esta lectura, para decidir si vale o no la pena, tengo en cuenta su objetivo. No es un best-seller, no es un thriller que pretenda mantener al lector pegado a sus páginas atento a un inminente giro de los acontecimientos, no es una novela profunda en meditaciones trascendentales, tampoco una que quiera cambiar para siempre la forma del lector de ver el mundo.

Es lo que es. Es magia, una lucecilla blanca de magia puede volverse azul, amarilla o rosa, u oscurecerse hasta tornarse negra. Es una sencilla obrita llena de imaginación, ese tipo de historias con las que tanto disfrutábamos en nuestra infancia porque aún éramos capaces de soñar

Hace tiempo que noto, con mezcla de pena e impotencia, como la magia que tanto me gustaba antes me va abandonando, y dejo de disfrutar de ciertas historias por parecerme demasiado fantasiosas. Por eso empecé un poco temerosa a leer estas Memorias del Otro Lado, y sin embargo, hoy la he terminado completamente atrapada en el colorido mundo que la autora ha recreado.

Esta novelita es una muestra de los libros autoeditados pueden alcanzar, e incluso superar, la calidad de aquellos avalados por una editorial. En toda la lectura, no recuerdo haberme topado con una sola errata o construcción rara (lo único, que según mi lector todos los capítulos eran el número 1). Además, la prosa es perfecta para la historia, transmite lo que debe transmitir.

Y es que ya desde las primeras líneas uno se impregna de la dulzura y de la inocencia de las palabras; las palabras, que salen de las páginas y se juntan a nuestro alrededor formando bosques de chimeneas, o Bosques de los Obsequios, o Montañas Moradas, o parajes que van desde lo idílico hasta lo tenebroso. Las palabras, que despiertan con su hechizo la imaginación del lector aunque esta se haya quedado dormida hace tiempo.

Es precisamente lo que nos cuenta Féyzlim en el País de las Quimeras: la pérdida de la magia, que yo equiparo, porque creo que va implícita, a la pérdida de la imaginación. Nos habla de una realidad (insisto, realidad) rota por una Gran Caída que la ha dejado partida en dos: la Dimensión Mortal (la nuestra) y los Reinos Eternos (la magia, la imaginación). O sea, que antes la magia era algo considerado real, pero ya no. Y a partir de ahí podemos abrir la jaula y dejar que nuestra imaginación escape volando.

Féyzlim, la protagonista, es una fábezmik. Los fábezmik nacen, qué bonito, de deseos cumplidos, y además se dedican a cumplir más. Pero (como le pasó a Peter Pan) pierde su sombra, se la roban, y en el proceso de recuperarla emprende una aventura que tardará en acabar. Conoce amigos y enemigos, seres tan luminosos de felicidad como ella, otros que necesitan ser iluminados, y otros tan malos que son pura tiniebla. Conoce también mundos de luz y de oscuridad. Los personajes principales son muy variopintos, ninguno humano, pero todos con sus peculiaridades físicas y psíquicas, y muchos basados en la mitología. Tratándose de una historia más orientada a niños, jóvenes o adultos con niño interior, no son personajes de gran complejidad, pero sí que representan valores importantes. Incluso los paisajes tienen su propia personalidad. Todos los elementos tienen en común lo ingeniosos que son; me encantó entrar en el país de Todo-al-revés o conocer al malo malísimo Yumo, el llamado Sin forma.

Lo único que he echado de menos ha sido el papel. Un papel lleno de ilustraciones de ese mundo y de esos personajes tan fantásticos, tan luminosos o tan oscuros. Un niño podría disfrutar de esta historia en papel. Un adulto también, claro. Sí, definitivamente, las aventuras de Féyzlim ganarían mucho impresas y adornadas por los dibujos de la propia autora, que son una delicia, tanto que con uno solo (la de la portada) me ha bastado para imaginar el resto, y mi mente era todo color y aventuras. 

Recomendado si quieres viajar muy muy lejos, y soñar como lo hacías en tu infancia. Aunque no te acuerdes de cómo se hacía.

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*Pinchar aquí para acceder a Féyzlim en el País de las Quimeras en Amazon (también diponible en papel).
**Pinchar aquí para acceder al blog de la autora.

miércoles, 11 de junio de 2014

La enfermedad de Sachs; de Martin Winckler

"Todo el mundo aparenta olvidar que, pase lo que pase, vivir es sufrir. El cuerpo sabe sufrir mucho mejor que gozar.
¿Cuánto  tiempo hace falta para llegar a gozar? Una eternidad. ¿Cuánto tiempo dura?
¿Cuánto tiempo hace falta para ponerse a sufrir? Una décima de segundo. ¿Cuánto tiempo dura?"

SINOPSIS
El trabajo de un médico, un profesional de nuestros días, dedicado al cuidado de los otros: sus anotaciones, sus angustias, sus problemas, sus relaciones sentimentales y afectivas, en un tono directo y realista, con gran riqueza de personajes y del trama. Una gran narración contemporánea, un acontecimiento edictorial en el conjunto de las letras europeas.
Esto pinta muy negro: la cita que abre esta entrada, la portada... Y es verdad que La enfermedad de Sachs tiene cierto fondo de pesimismo, pero no más que la vida real. Además, tiene razón en lo que dice: los seres humanos somos unos inconformistas que nunca estamos felices con lo que tenemos; es algo inherente a nuestra naturaleza. Independientemente de la existencia en la vida de desgracias o enfermedades gordas. Pero, pese a lo que pueda sugerir el título, esta novela no se ceba en ese tipo de cosas.

Ahora voy a opinar. Va a ser una opinión globalmente positiva y además poco objetiva: es tanto lo que comparto con la forma de ver el mundo de este autor o de su personaje, que me va a ser imposible lo contrario. Ojalá en el futuro pudiera convertirme en un doctor Sachs (ese médico de un pueblecito francés inventado), en la parte de doctor Sachs que escucha a sus pacientes; el que está ahí siempre que lo necesitan, aunque tenga que conducir largos trayectos en plena noche; el que está pendiente de tener siempre a mano lo necesario para aliviar el dolor; el que sabe acompañar tanto en la vida como en la muerte y hacer de esta última un tránsito mínimamente digno. 

Tenía unas expectativas moderadamente altas al empezarlo. Las primeras páginas se me hicieron algo cuesta arriba. Después de leer unos pocos párrafos tuve que admitir que, de seguir la narración ese ritmo, no iba a poder soportarlo. Era todo tan aséptico como un quirófano

Es decir, descripciones del tipo: "La habitación es cuadrada, con las paredes pintadas de blanco rayas azules. La puerta se sitúa en el centro de la pared este, y en la esquina de la derecha hay una ventana de madera con vetas, enmarcada por cortinas azul claro con puntitos azul oscuro. Al lado de la ventana, una mesa, también de madera, con cuatro patas."
Bla, bla.
"La sala de espera es una habitación grande de suelo de baldosa, fresca, luminosa y de techos altos. Las paredes están tapizadas con un papel azul pálido de rayas azul oscuras.Frente a la entrada, del lado del jardín, unas cuantas sillas rodean una mesa baja cubierta de revistas. [...] 
Del lado del patio, un gran escritorio de madera, tosco e impersonal, alberga una planta con maceta. A mi derecha, un hombre en camiseta, pantalón corto y zapatillas deportivas lee un periódico. A mi izquierda, ..."
Y luego venga a describir una consulta médica, con todo detalle, por muy nimio y protocolario que resulte. Narración punto por punto de gestos y movimientos y transcripción de conversaciones. Nada de pensamientos o sentimientos de los personajes. 
-Bueno, no sé por dónde empezar... 
Meneas la cabeza, Mmmhh. Te vuelves hacia las estanterías, rebuscas en una de las cajas grises. Sacas de ella un sobre marrón. Mientras te explico la razón de mi visita, sacas del sobre una cartulina cuadriculada con formato de postal y la pones sobre el tablón de madera pintada; sacas una pluma negra del bolsillo delantero de tu bata, desenroscas el capuchón, lo ajustas al cuerpo de la pluma, trazas una raya sobre la cartulina, marcas la fecha cerca del margen izquierdo. 
-Bueno, pues verá... 
Inclinado sobre la cartulina cuadriculada, escribes.
Visto ahora, desde la perspectiva amplia que otorga haber leído la obra completa, tampoco me parece tan grave. Tiene su "gracia" la forma de narrar de Martin Winckler que, aunque a veces parece un poco fría, otras sorprende con escenas conmovedoras. O es que, de tanto presentarnos la realidad en crudo, terminamos aprendiendo a cocinarla. A diario somos espectadores de la vida de otros, esa vida pública que se hace en calles o comercios. Y seguro que no nos importaría poder colarnos en su otra vida, la privada para, simplemente, ver lo que hacen. Aunque nunca sepamos lo que piensan o sienten. 

Esa es la oportunidad que nos da Martin Winckler, médico de profesión, en su novela: 
Asistir a las íntimas reuniones de un médico (Bruno Sachs) con sus pacientes, escuchar las alegrías y miserias de esos cuerpos enfermos o espíritus enfermos. Aprovechando entonces para recordarnos que no solo hay enfermedades físicas, sino también soledad y tristeza, y que no todo lo curan las pastillas, sino también la comprensión y la escucha.
Asistir, además, a la vida de un médico, con sus propias alegrías y sus propias miserias, más allá de su consulta (que se agradece, pues pensaba que todo iban a ser consultas y no fue así).

La novela está dividida en varias partes (Presentación, Antecedentes, Examen Clínico, Exámenes complementarios, Diagnóstico, Tratamiento y Pronóstico), cada una compuesta por varios capítulos.

Me ha gustado cómo se enfoca la historia. Cada capítulo, de longitud variable pero siempre breve, se narra desde la perspectiva de los pacientes que van a la consulta, o bien de su secretaria, o de su madre, o de un amigo, o de la dependienta de la cafetería... de todo aquel que se relaciona con Bruno. En primera persona, cada uno cuenta lo que ve en el doctor, o lo que opina de él, o los pormenores de la consulta, o, sí, también sus propios miedos e impresiones (no todo es tan aséptico como parecía al principio). Generalmente, encabezan los capítulos un número y el nombre del narrador. 

Intercalados, hay otros en los que se recogen anotaciones que el propio Bruno Sachs (que también tiene, para colmo, su corazoncito de escritor) hace en sus cuadernos. De modo que también podemos ser partícipes de sus pensamientos y de su particular (y pesimista) modo de ver el mundo. En estas reflexiones hay rabia hacia el mismo y mucha crítica sarcástica, y de algunas he disfrutado bastante. Pongo por ejemplo la cita que encabeza esta reseña, o este otro fragmento que ya transcribí en facebook mientras lo estaba leyendo:
En este país, las enfermedades, como los síndromes, llevan el nombre del médico que los ha, si no observado, al menos descrito por primera vez. Nunca llevan el nombre de la persona que los ha sufrido. Lo que muestra perfectamente hasta qué punto la enfermedad pertenece a los médicos, a una casta, a un grupo que acapara su disfrute en exclusiva. Enfermedad del profesor Fulano. Síndrome del profesor Mengano. [...] Poner a las enfermedades el nombre de los médicos, es hacer de todas las personas que se ven afectadas por ellas una especie de extensión del saber, del poder, de la gloria del médico de tres al cuarto que le ha colgado su nombre de mierda a esa porquería toca cojones. 
¿Cómo puede estar uno orgulloso de ponerle su nombre a una porquería? [...] La gente no tiene la enfermedad de equis, sino que les duele, sufren, adelgazan, vomitan, ya no duermen, lloran, nunca acaban de palmarla.
Como puede verse, emplea un lenguaje muy natural, con palabrotas incluidas. Y al hilo de esto voy a destacar la forma de narrar tan particular de Winckler, muy diferente a lo que estamos acostumbrados. Y no sé cómo voy a destacarla, porque no sé si voy a poder describirla. Para mí es muy importante, cuando empiezo a leer una novela de un escritor nuevo, notar que lo ha escrito alguien a quien no he leído nunca. Personalidad en las palabras y en la manera de combinarlas. Porque, de un tiempo a esta parte, me da la sensación de que la mayoría de los libros están escritos de forma muy similar: "cortados por un mismo patrón", suele decirse.

Martin Winckler centra la narración en los diálogos. Cuando hablamos repetimos cosas, emitimos sonidos que no son palabras (el doctor hace mucho mmmhh), usamos muchas palabras para expresar lo que se puede con pocas. Hablamos a veces muy rápido, sin parar, sin comas; o hablamos con monosílabos. Y me ha gustado la forma de Martin Winckler de representar esos diálogos en palabras, el cómo les pone ritmo; es muy real, y es algo importante, porque La enfermedad de Sachs está compuesta, en gran parte, de diálogos. 

Se disfruta mientras se lee. Es curioso, pero en ningún momento me he esperado un final sorprendente, ni he leído con ilusión por llegar al mismo para ver qué pasaba. Algo me decía que, ya que era todo un poco como la vida, el final iba a ser también un poco como la vida: nada fuera de lo normal. Así que leí y disfruté en el proceso, hasta llegar a un desenlace que sí que resultó tener sus peculiaridades.

Creo que ya he dicho todo lo que quería decir. Es una novela que me ha gustado y que creo que recordaré con el tiempo, pero a mí me gustaría saber si es sólo para médicos o también puede disfrutarla gente ajena a la profesión. La recomendaría si os ha gustado lo que he contado de ella, si no os importa poneros en la piel de un médico de familia, casi de pueblo, con lo bueno y lo malo que ello implica.

PS: Hay película basada en este libro, se titula Las confesiones del doctor Sachs y no veo modo humano (ni pirata) de hacerme con ella. Creo que la vi, pero como no la recuerdo, me gustaría volver a verla...

miércoles, 4 de junio de 2014

El Gran Hotel Budapest

Gustave H. (Ralph Fiennes), un legendario conserje de un famoso hotel europeo de entreguerras, entabla amistad con Zero Moustafa (Tony Revolori), un joven empleado al que convierte en su protegido. La historia trata sobre el robo y la recuperación de una pintura renacentista de valor incalculable y sobre la batalla que enfrenta a los miembros de una familia por una inmensa fortuna. Como telón de fondo, los levantamientos que transformaron Europa durante la primera mitad del siglo XX.

Esta película me tiene absorbida, enamorada, succionada, embelesada. Y eso que hace ya tiempo que fui a verla... por segunda vez. Me es difícil ponerle pegas, ya que actualmente está en la cima del podio de las películas que más me han gustado desde que tengo uso de razón.

La primera fue en versión original con subtítulos. Llegaba tarde, me bajé en la parada de metro correcta pero no por la salida correcta, pensé que me había confundido, me desesperé, pregunté, recorrí túneles y túneles corriendo, escaleras mecánicas, y cuando me di cuenta de que cabía la posibilidad de que sufriera un síncope, de que ya llegaba tarde sí o sí, empecé a tomármelo con más calma. Con diez minutos de película perdidos, me senté en la butaca de cine y me quedé durante media hora inmóvil, hasta que estuve segura de que si me movía no se me revolvería el estómago y de que tanto el corazón como los pulmones como los intestinos se habían terminado de asentar.

Fue un mal comienzo, y el agotamiento y los subtítulos no ayudaron mucho a que la experiencia fuera tan bonita como hubiera querido. Terminé la película sin saber decir si me había gustado o no. Sí que lo habían hecho las imágenes, la música, la composición en lo que se refiere a lo puramente sensitivo, pero de la historia en sí no me había enterado del todo. A parte de liarme con los nombres de algunos personajes (culpa de una atención insuficiente), no lograba encontrarle solidez (una idea principal, un propósito más o menos concreto). Pero como me quedé con el gusanillo y de repente me salió compañera, acepté verla de nuevo, y esta vez en español.  

Me bebí la película por los ojos y por las orejas. Como ya no tenía que mirar los subtítulos... 

Llegado a este punto, contengo mi frenética narración de acontecimientos para decir algo que hubiera estado mejor al principio: si le tenía tantas ganas a este hotel, era por el director. Desde que vi su película Moonrise Kingdom (también comentada en este blog) me gustó tanto su forma tan personal de hacer cine que se convirtió en mi primer "director de cine favorito". No entiendo nada de cine, así que tener un director de cine favorito resulta todo un hito... sólo estoy acostumbrada a los escritores favoritos o incluso a los cantantes. 

De todas las películas de Wes Anderson (mi director de cine favorito), creo que es ésta la más accesible al público. Este comentario lo he leído varias veces y lo he confirmado viendo el resto de películas del director (excepto una, creo). Hay algunas francamente aburridas, o sin sentido alguno, sobre todo las primeras. De esas sólo me gusta su "parte personal", esa impresión que dan de que están hechas por el placer de hacerlas y no con un mero propósito comercial. Pero tanto Fantástico Sr. Fox (muñecos animados mediante stop motion), como Moonrise Kingdom, como esta El Gran Hotel Budapest, son un disfrute para los sentidos y además una buena historia. Y de todas ellas, mi favorita, sin duda, es la última. Y uno de los motivos es que tengo la sensación de que no me cansaría de verla una y otra vez (Moonrise Kingdom perdió un poco con el revisionado).


El Gran Hotel Budapest aúna tres características: 
*Una fotografía llena de color y que dota de fantasía a lo real.
*Una historia con planteamiento, nudo y desenlace, capaz tanto de hacer reír como de sacarte el lado filosófico, con unos personajes un poco caricaturescos pero del todo entrañables.
*Una banda sonora que contribuye a una ambientación deliciosa (alegre, triste, melancólica, misteriosa, soviética, según corresponda) y que además tiene valor por sí misma (estuve días sin parar de escucharla). Alexandre Desplat es el responsable, al igual que lo fue con las anteriores películas más recientes de Wes Anderson.



Me llamó mucho la atención la felicidad, o tal vez sería más apropiado llamarla despreocupación, que impregnaba cada acontecimiento. Quiero decir que escenas que normalmente son enfocadas desde un punto de vista de desolación son aquí tratadas con cierto humor: la muerte se mira de forma despectiva, incluso burlesca, como dando a entender que, si se cruza en nuestro camino, hemos de saludarla, si acaso charlar un momento con ella, y después seguir caminando por la vida, como hace Monsieur Gustave.



También es muy posible que sea esta película la responsable de mi repentino aumento del interés por el escritor Stefan Zweig, pues según tengo entendido está basada en las obras de este escritor, más especialmente en la titulada La impaciencia del corazón.

Yo, claro, os la recomendaría. No creo que sea capaz de hacerte reír tanto como dicen algunos (durante toda la película), pero conmigo lo consiguió varias veces y eso que no soy de risa fácil. También depende del tipo de humor de cada uno, ya que este es muy particular. De todas formas, me parece sumamente original y accesible a un tiempo. Creo que es capaz de dejar huella. Al fin y al cabo, todo lo raro da qué pensar.



Dejo el trailer,  aunque ni siquiera quise verlo antes de ver la película, para que fuera una completa sorpresa (y puede que hiciera bien, pues incluye varios momentos graciosos o "clave" que podrían verse arruinados):


Si la habéis visto, contadme enseguida qué os pareció (se admiten, aunque con dolor, opiniones negativas). Si no, id a verla. Y si queréis saber más sobre ella, os recomiendo este estupendo y detallado artículo: Una película de cinco estrellas. (¿Qué pasa? Ya os podíais imaginar que no iba a recomendaros uno que se titularse "Una película mediocre".)

lunes, 2 de junio de 2014

Acerca de una presentación: juventud, crisis y muerte

Para celebrar la recién estrenada Feria del Libro de Madrid, siempre me apetece alguna novedad. Ver a autores muy conocidos, volver a encontrarme libros mil y una veces nombrados y expuestos en los escaparates de la mayoría de las librerías... puede llegar a hacerse pesado. Ponerme a investigar casetas una detrás de otra es mi tentación, pero me frustro cuando lo quiero todo y no puedo tenerlo. Quedan muy bonitos los puestos uno tras otro, repletos de libros, y es todavía mejor cuando hace sol y hay mucha gente. Que agobia, pero también da ese ambiente festivo que toda feria necesita. 

Busqué entre las actividades de la Feria de este año y me encontré con una presentación de dos libros para mí desconocidos de una editorial de las que llaman independientes (Ediciones Xorki). Me gustó la sinopsis, así que, ¿por qué no? Cuando llegué a la Feria me dirigí a la caseta de la Ediciones Xorki para echar un vistazo a mis candidatas a futuras lecturas. El resto de las casetas me las salté en la medida de lo posible (dos tentaciones eran suficientes). Siempre me gusta leer por encima alguna página para asegurarme, ver si el estilo me gusta o parece "otra novela del montón". El examen fue superado  y en ese momento adquirí uno de los dos libros (más que nada por ahorrar), pero después de la presentación no pude resistirlo y compré también el otro. La biblioteca donde tuvo lugar la misma no tiene desperdicio: situada dentro del recinto del Retiro, cuenta con grandes ventanas por las que entra el verdor del exterior.

Salón de actos de la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías 
La escritora y periodista Rosa Pereda presentó el acto, y a continuación ambos autores entraron en una dinámica de entrevista a dos bandas, haciéndose preguntas y emitiendo respuestas acerca de sus respectivas obras. Si había albergado alguna duda sobre mis intuiciones lectoras, poco a poco se fueron disipando al escuchar lo que contaban los dos escritores madrileños, Izara Batres y Germán Huici, que transmitieron ideas de lo más interesantes. Así que mi curiosidad por ver cómo las habían plasmado en el papel fue en aumento.

Izara Batres empezó a escribir su novela hace varios años, cuando ella contaba unos 25, allá por el 2007. El resultado al que llegó fue un texto muy largo que no le terminó de convencer, y que sufrió varios cambios posteriores hasta convertirse en lo que es hoy.
"Esta novela es para ti", me aseguró una de las personas que atendía la caseta 333 cuando cogí el libro del expositor. Me quedé muy sorprendida (¿hasta qué punto era verdad y hasta cuál una estrategia comercial?). "¿Por qué?", pregunté. "Porque trata sobre los jóvenes, los jóvenes y su manera de afrontar la crisis", o algo parecido fue lo que me respondió. 
La escritora afirma que el personaje con el que más se identifica es la protagonista, un ENC. Las siglas significan "Elemento No Clasificado", expresión que Izara define como esa sensación que la mayoría tenemos alguna vez de no encajar en ninguna parte. Es una protagonista desubicada, idealista y en la que se conjugan el temor y la esperanza. Izara, dijo, pretendía reflejar que no hay un sólo tipo de juventud, sino muchas formas de afrontar esta etapa de la vida, distintas "especies" de jóvenes, interesados en los más variados temas. Introduce esto en la historia a través de otros personajes: un nihilista, una actriz en paro, un informático heavy que defiende el "frikismo sostenible" (este término me hizo gracia)...
El ambiente es la ciudad de Madrid, con sus calles que pueden resultarle a uno laberínticas cuando se sumerge en ellas (de ahí la elección de la portada). Y como se ve que la realidad supera a la ficción, un Madrid en el que empieza a gestarse un movimiento revolucionario en la Puerta del Sol... ¡Y la escritora asegura que lo escribió previamente a que ocurrieran los acontecimientos del 15-M! Así que figuraos cómo se quedó cuando a su alrededor empezó a desarrollarse algo tan parecido a lo que ella había imaginado. (Posteriormente, dijo, decidió incluir en su novela referencias a la realidad.)
La reflexión: cuando surge un movimiento que cuestiona el poder del sistema (por ejemplo, el movimiento hippie), éste termina por absorberlo y transformarlo en algo favorable para él, dejándolo exento de su verdadera esencia y haciendo uso de los elementos más útiles a favor del mercado cultural.  
Germán Huici "parió" La espera en un pueblo en el que se aisló durante dos semanas. Allí pudo por fin centrarse en la historia, que estaba concebida como un diálogo entre dos personajes: dos amigos en la habitación de un hospital. Es una de esas novelas que llaman de iniciación, en la que dos adolescentes reflexionan, a veces filosóficamente, sobre sus vidas, mientras van despidiéndose de la adolescencia. Está escrita en forma de diálogo.
También hay referencias a la cultura pop. Le preguntaron a Germán que a qué se refería con una expresión que aparecía en su libro: "hacer pop". "Cuando haces pop, ya no hay stop": el autor arrancó una risa al público haciendo referencia al conocido eslogan de las patatas Pringles, que había empleado en su novela jugando con un doble sentido. "Uno se mete una patata en la boca y ya no puede parar de comer." Supongo que esto tendrá su contexto y correlación con alguna situación en la historia (o con las crisis, también); me quedará más claro cuando la lea.
Al parecer es una lectura dura, porque la muerte está muy presente. Cuando alguien fallece, dice Germán, es "escondido" en un sitio aséptico, se le maquilla y se oculta todo signo de muerte de su cuerpo. La sociedad tiene miedo de mirar a la muerte directamente a la cara, y es algo que le parece muy triste.
La reflexión: los seres humanos sabemos que vamos a morir, algún día, y cada una de las pequeñas cosas que hacemos o por las que luchamos (muchas de las cuales, bien analizadas, podrían considerarse "tonterías") están condicionadas por este conocimiento implícito.

Ambas novelas tienen en común el retrato de una juventud en época de crisis. Seguro que se me han quedado muchas cosas en el tintero, y otras tantas las habré reflejado a medias, sin hacer honor al discurso de la presentadora y de los autores. Como he intentado transcribir de memoria los temas, esta puede haberme fallado sobre todo en detalles más concretos, o haberme equivocado o interpretado de forma no del todo correcta alguna idea (pido perdón si es el caso).

ENC o El sueño del pez luciérnaga; de Izara Batres
La espera; de Germán Huici 

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