domingo, 29 de marzo de 2015

Grandes esperanzas; de Charles Dickens

"Como nunca vi a mi padre ni a mi madre, ni retrato alguno suyo (pues vivieron mucho antes de inventarse la fotografía), mis primeras imaginaciones acerca de cómo habrían sido ellos nacieron, yo no sé por qué, de la contemplación de sus lápidas sepulcrales. La forma de las letras en la de mi padre me dio la extraña idea de que había sido un hombre recio, cuadrado, moreno, con el pelo negro y rizado. De los caracteres y estilo de la inscripción "Y Georgiana, esposa del arriba dicho", saqué la pueril deducción de que mi madre había sido pecosa y enfermiza. A las cinco pequeñas losas, de pie y medio de largo cada una, dispuestas en ordenada fila al lado de la sepultura y consagradas a la memoria de cinco hermanos míos (que abandonaron prematuramente la lucha por la vida), debo la creencia, que he conservado religiosamente, de que todos ellos habían nacido tumbados de espaldas con las manos en los bolsillos, y jamás, mientras estuvieron en este mundo, las habían sacado de allí."

SINOPSIS
En los capítulos iniciales de esta célebre novela, Pip, un niño huérfano y medroso, tiene un terrorífico encuentro con un preso evadido al que se ve obligado a procurar víveres y una lima. Poco después, es llamado a la tenebrosa mansión de una rica y recluida dama como compañero de juegos de una niña seca, hermosa y altiva; allí, el huérfano aprende, por primera vez, que sus manos son bastas y sus botas demasiado gruesas. Poco después, aún, entra en posesión de una misteriosa fortuna que pone en sus manos un benefactor secreto que desea hacer de él un caballero.
 Grandes esperanzas (1860-61), penúltima novela de Dickens y sin duda una de sus obras maestras, no es sólo una historia de grandes sueños y dramáticas contrariedades, sino esencialmente, como dijo Chesterton, de grandes vacilaciones, las del joven héroe «entre la vida humilde, a la que debe todo, y la vida lujosa, de la que espera algo». La vergüenza y la culpa, el amor y la vanidad, el crimen y la cárcel son los leit-motivs de la crónica de una identidad que se pierde y que se gana a través de una sorprendente peripecia que es como una anécdota del destino, irónica y grave a la vez.

Hay muchos libros y autores considerados clásicos que me encantaría leer. Charles Dickens era una de ellos hasta hace poco, pero necesité un empujón para acercarme a sus Grandes esperanzas: la lectura que organizó Sileny. No me arrepiento de ello pese a lo irregular de mi experiencia.

La cita con la que he decidido encabezar esta opinión no es más que una muestra de que Dickens es un maestro de la escritura (algo que, de no saberse, podía suponerse). Se trata de fragmento del segundo párrafo de la novela, y encontrarse una narración tan sublime nada más empezar da gusto. Pero se da el caso de que la narración sublime abarca la totalidad de esta obra. Así que nada de quejas por esa parte.

Además, no tengo sombrero, pero me quito aunque sea la pinza del pelo ante las descripciones que es capaz de pergeñar el autor. Me ha llamado particularmente la atención su forma de dibujar a los personajes: sin usar adjetivaciones típicas, compone ante el lector una imagen bien definida de los mismos en unas pocas frases.

Tanto de su exterior...:
Era huérfana como yo, y también como yo había sido criada a fuerza de mano. Era muy notable, pensaba yo, por lo que se refería a las partes extremas de su persona; porque su cabello siempre estaba necesitando que lo peinasen; sus manos, que las lavasen, y sus zapatos que los remendasen y que los ajustasen el tacón. A esta descripción hay que hacer la salvedad de un día por semana. Los domingos iba a la iglesia muy compuesta.
...como de su interior:
Herbert tenía unos modales francos y naturales que le hacían muy atractivo. No había visto a nadie entonces, ni he visto a nadie después, que me diera mejor impresión, en su mirada y en su tono, de ser naturalmente incapaz de hacer nada escondido o mezquino. Había algo prodigiosamente optimista en todo su aspecto, y algo al mismo tiempo que me susurraba que nunca sería ni muy afortunado ni muy rico.
El personaje que carga con el peso de la novela y con el oficio de narrador es Pip, que empieza niño y va creciendo. Una mezcolanza de de ternura, tragedia y comicidad da forma al ambiente rural en el que se cría el pequeño Pip, rodeado de gente humilde y de fugitivos, y alternando entre la severa disciplina impuesta por su hermana y la amistad entrañable que lo une Joe, el marido de esta. Oh, Joe. Era su compañía, y no la de Pip, la que yo deseaba: la compañía del grande y bueno de Joe, que aportaba su propia luminosidad a cada uno de los momentos en los que aparecía. ¡Lo que me hizo reír presumiendo de su amor por la lectura!
Me incliné hacia Joe y con la ayuda de mi índice le leí toda la carta. 
-¡Asombroso! -dijo Joe, en cuanto hube terminado-. ¡Eres un sabio!
-¿Cómo deletreas Gargery, Joe? -le pregunté con modesto aire de protección.
-No lo deletreo de ningún modo -dijo Joe.
-Pero suponiendo que lo hicieras...
-No se puede suponer -dijo Joe-. Y eso que me gusta mucho leer.
-¿De veras, Joe?
-Mucho. Dame -dijo Joe- un buen libro o un buen periódico, y ponme sentado junto a un buen fuego, y no deseo nada mejor. ¡Válgame Dios! -continuó después de frotarse un poco las rodillas-, cuando uno llega a una J y una O y dice "aquí, por fin, hay un J, O: Joe", ¡qué interesante es leer!
Esa es la vida humilde del Pip niño, pero el desarrollo de los acontecimientos provoca la llegada de grandes esperanzas para su futuro, y empieza a aparecer, en el horizonte, una vida vestida de traje elegante: la vida de señor en Londres. El dilema está servido para el joven Pip, que se debate entre el deseo por una de esas vidas y el odio hacia sí mismo por despreciar la otra. Y, como una de las cosas buenas que tiene el personaje es que no es perfecto, en ese debatirse tendrá aciertos y cometerá errores.

Aunque ninguno como Joe, hay varios personajes que brillan más que el protagonista. Dentro de ese horizonte de grandes esperanzas está la señorita Havisham, excéntrica habitante de una antigua mansión que persigue un objetivo tan malvado como romántico. Con ella y con su bella y joven protegida, Estella, se cruzará el niño Pip, y le será difícil separar de ambas su destino. Durante su vida en Londres Pip se relaciona con otras personalidades, varias de ellas bastante bien construidas. A destacar: el compenetrado dúo laboral que forman el señor Jaggers (abogado) y su ayudante el señor Wemmick; o Herbert, el amable señorito de su edad con el que entabla amistad y comparte vivienda


Es una historia acerca de la identidad, de los orígenes, de las oportunidades -las que se aprovechan y las que se pierden por verse demasiado tarde-, del amor en su vertiente más cruel. Es una obra de arte que no he sabido disfrutar en toda su extensión por alguna clase de déficit que hace que su trama no me haya resultado atractiva más que al inicio y al final, y en momentos puntuales del medio. Me quedo no del todo satisfecha, pero con el deseo de seguir leyendo al maestro Dickens.

3,5 / 5

lunes, 23 de marzo de 2015

Percy Gloom; de Cathy Malkasian


SINOPSIS
Percy Gloom es un hombre menudo, aprensivo, frágil y pesaroso. Su sueño es entrar a trabajar en A SALVO, la famosa empresa de escritores preventivos aplicada en hacer del mundo un lugar más seguro y más miedoso. Un mundo que hoy vive según las directrices de Yagapantha, la nueva doctrina que pretende fintar la muerte con paparruchas y vocerío. Pero Percy Gloom, a punto de descubrir un entramado de sociedades secretas y seguridad burocrática, no olvida a Lila, a quien perdió a manos del fanatismo religioso. Percy Gloom es una fábula adulta sobre lo inevitable. Una emotiva historia llena de enseñanzas que en lectura atenta puede llegar a cambiar nuestras percepciones sobre la vida… y sobre la muerte.

La primera vez que me encontré con Percy Gloom se hallaba entre los libros destacados de la biblioteca y llamó mi atención, pero ese día agoté el cupo de préstamos y no pude llevármelo. Quedó en mi recuerdo una vaga idea de su portada y su argumento, pero cometí el error de no apuntar su título, así que pasaron meses hasta que, de casualidad, volví a encontrármelo entre el resto de cómics de las estanterías.


Me fijé en él por los colores de su portada y por una sinopsis que habla de fábulas, historias emotivas y, sobre todo, vida y muerte. "Gloom" es una palabra inglesa que significa "melancolía". Percy Gloom es un personaje con fuerza para generar en el lector sensaciones peculiares. En mi caso, su pelo repeinado, la cara amable y medio arrugada (a veces por la tristeza y otras por una tímida alegría) y sus enormes orejas me provocaron una extraña mezcla de repulsión, simpatía y lástima. Pese a su aspecto de anciano, Percy se comporta en muchas ocasiones como un niño que necesita el apoyo de su mamá, pero al mismo tiempo tiene características de adulto: recuerdos a sus espaldas, cierta responsabilidad para con su nuevo empleo...


La historia comienza cuando Percy recibe una carta de la empresa "A Salvo Ahora", un instituto de escritos preventivos que pretende detectar los peligros más recónditos de la vida real y avisar sobre ellos al mundo. Percy se dirige a la sede de la empresa a realizar la entrevista de trabajo. Los paisajes tienen un aspecto onírico: en ellos se ocultan figuras y formas variadas y están repletos de extraños edificios, caminos, escaleras y recovecos. Quizá sea la forma que tiene Cathy Malkasian de invitar al lector a perderse en su aventura. 


Una vez en "A Salvo Ahora" Percy se verá envuelto en varios conflictos generados por otros personajes, como Tammy, una mujer que quiere copular con él y cuya principal obsesión es alejarse de los moribundos, o Bernard, un amigo y consejero que le pide un favor. Pero en sí mismo es donde más obstáculos encuentra: su estómago hambriento, ávido de magdalenas; su miedo a todo; sus recuerdos de un antiguo amor frustrado por una secta religiosa... 


Contra todo eso tendrá que luchar mientras consigue magdalenas, hace un descanso en su hogar materno, penetra en territorios desconocidos o escucha lo que los moribundos tienen que decir. Y al final, decidir: ¿vivir como su madre, o morir como su padre, que se mató a tortas como mandaba la tradición de la familia Gloom?


El surrealismo impregna cada una de las páginas de esta novela gráfica, por lo que hay que entrar en ella con la mente abierta y el cuerpo ligero. Hay que estar dispuesto a dejarse llevar por peripecias impredecibles, pues son las que resultan de combinar un personaje excéntrico con un mundo muy peculiar. Sin embargo, detrás de tanta extravagancia hay mensajes ocultos acerca del miedo, enfocado tanto a la muerte como a la vida, o de la obsesión por la seguridad que parece invadir a la sociedad.


Cathy Malkasian se estrena así en el mundo del cómic, después de dirigir películas y series animadas como Los Thornberrys o Rugrats (ambas bien disfrutadas en mi infancia). Quizá no sea el mejor cómic que he leído, pero tampoco se encuentra entre los peores: aunque no sea inolvidable, es una aventura digna de vivirse.

3,5 / 5
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Si os interesa conocer un poco más acerca de este cómic y de su autora, os animo a acercaros a esta completa entrevista. Me fue de gran ayuda para descubrir detalles que había pasado por alto, ordenar ideas y otorgar algo de contenido extra a esta opinión (que me estaba quedando un poco indefinida).

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