lunes, 6 de abril de 2015

El pantano de las mariposas; de Federico Axat

"-Ese enano me pone los pelos de punta -dijo Billy.
-Sebastian.
-Ya sé su nombre, pero me niego a decirlo. Ponerle un nombre es precisamente lo que me pone los pelos de punta. Si fuera sólo un enano de yeso no sería tan grave.
Sebastian nos observaba en silencio.
-Si tú lo dices.
-Es la manera en que lo piensas -explicó Billy, como si se lo hubiera pedido. Bajó los escalones del porche y caminó por uno de los senderos tapizado de hojas. Apartó algunas ramas a su paso.
-A qué te refieres con "la manera en que lo piensas" -dije mientras lo seguía.
-A que si le pones un nombre, entonces le das vía libre a tu cabeza para pensar: Sebastian me está mirando; Sebastian tiene vida propia; Sebastian es un jodido gnomo de piedra capaz de patearme el culo.
-¿Si no tiene nombre no lo piensas?
-No. Es como ese árbol de allí; ponle un nombre y verás cómo querrá atraparte al pasar."

SINOPSIS
Las desapariciones de personas en confusos episodios se suceden año tras año en Carnival Falls. Pero donde algunos ven tragedias sin conexión, otros aseguran que existe un patrón común, y que detrás de ellas hay algo más oscuro que simples accidentes. 
 En 1985, Sam y Billy tienen doce años y se preparan para lo que suponen será un verano grandioso: excursiones por el bosque, largos paseos en bicicleta y la postergada construcción de la casa del árbol. Sin embargo, la llegada a la ciudad de una niña de clase alta llamada Miranda, cuya belleza no les dejará indiferentes, lo trastocará todo. Juntos transitarán ese intrincado paso de la niñez a la adolescencia, un camino de aprendizaje y revelaciones, y se embarcarán, casi sin proponérselo, en una aventura que podría llevarlos a conocer la verdad detrás de las desapariciones. 
 Un pacto de amistad los guiará en un verano imborrable, un tiempo de metamorfosis que marcará el inicio de muchas cosas, y también el final de su infancia. 
 Novela de crecimiento y suspense con sugerentes incursiones en lo fabuloso, El pantano de las mariposas sumerge al lector en una rara fascinación para conducirlo con hábil pulso hasta un sorprendente giro final.

Esta vez estoy deseando comenzar por el FINAL, pero no debo, ¡no debo! Así que empiezo exponiendo las razones que me llevaron a leer El pantano de las mariposas: la primera, que llevaba demasiado tiempo en la estantería, y la segunda, que se trata de una de las recomendaciones (¡por partida doble!) de la iniciativa Serendipia Recomienda 2015.

Hechas las presentaciones, me apetece ponerme a gritar todo lo que mola el FINAL, y lo sorprendida que me quedé, y... No; el protocolo es el protocolo. 

El pantano de las mariposas narra, en una conveniente y adecuada primera persona, las aventuras protagonizadas por Sam en el verano de 1985. Sam, que pierde a su madre en el prólogo, se cría con unos padres adoptivos en una casa de huérfanos. Le gusta salir al bosque con su amigo Billy y al pequeño grupo se une Miranda, una chica de clase alta por la que Sam bebe los vientos aunque le cueste admitirlo. Las andanzas de estos tres niños casi adolescentes recuerdan un poco a las de Los Cinco (Enid Blyton), huyendo de gente mala, investigando en bibliotecas y cobertizos abandonados y revolviendo pistas de un pasado de desapariciones sin resolver. Por ejemplo, ¿qué pasó exactamente con la madre de Sam?, ¿por qué no fue encontrado su cuerpo?, ¿fue abducida por un ovni, como algunos quieren dar a entender?

Tras un prólogo que captó mi atención y unos primeros capítulos que la mantuvieron, llegó una fase de lentitud en la que no me costaba nada dejar de leer y sí retomar las aventuras de Sam y sus amigos. Dedicaba mi pensamiento a recordar todas las buenas críticas que había leído y a desentrañar su razón de ser. No lo entendía.

Pero, aproximadamente cuando quedaban un par de centenares de páginas para ese FINAL ansiado del que todo el mundo hablaba (incluida mi madre), la cosa empezó a ponerse interesantelas tretas que utilizaban para llegar a nuevos descubrimientos, que a su vez sacaban a la luz más misterios, los cuales obligaban otra vez a trabajar a la genuina inteligencia de Billy, el listo del grupo... o ese balanceo que tanto me gusta entre lo real y lo sobrenatural. Las frases pasaron de ir cuesta arriba a formar un terreno plano y finalmente a inclinarse en una pendiente descendente por la que rodé y rodé hasta el FINAL.

Los saltos al presente desde el cual se narra la historia constituyen una parte minoritaria pero importante de la novela, pues ayuda a atar cabos o generar incógnitas. También nos habla Sam de un pasado más cercano, cuando cortó los lazos que le unían a Carnival Falls, el pueblo de su infancia, y conoció nuevos horizontes, nuevos amigos y nuevos amores.
Cuando pasaron los años, había desaparecido ese velo mágico que hacía que pudiéramos decirnos casi cualquier cosa, mirarnos a los ojos y abrir nuestros corazones; dejamos la niñez atrás como la piel de una serpiente, y la pubertad nos arrebató la frescura de la verdad.
¡Y ahora sí! Cuando leí el FINAL, no había terminado la novela. No: la novela, ahora transformada en obra de ingeniería literaria, no había hecho más que empezar. Primero volví a leer el FINAL porque no lo terminaba de entender (o de creer), y después, como eran las tres de la madrugada y no tenía tiempo de volver a leer la obra de ingeniería literaria entera, me puse a buscarle las cosquillas saltando de página en página, pero no se las encontré. Lo único que hallé fue un nuevo sentido a todo, incluso a detalles a los que antes no se lo había terminado de encontrar. Mientras lo hacía, insultaba a la novela: no podía ser que un montón encuadernado de páginas de papel fuera más listo que yo.


En fin, que puede que le sobren unas pocas páginas, aunque... ay, el FINAL. No se puede uno crear suficientes expectativas para algo así (¿o sí?). Yo estoy deseando contarlo tanto como vosotros descubrirlo. Pero una vez más, manda el protocolo: y el protocolo dice que destripar finales a la gente es malo. Así que lo que toca es que yo me calle y que vosotros leáis. Y luego ya venís a contarme, ¿no?

jueves, 2 de abril de 2015

Maps to the stars

SINOPSIS
Una comedia negra llena de sátira que cuenta la historia de la decadencia y la depravación en las que esta sumida "la meca del cine", a través de los ojos de dos hermanos que solo buscaban su lugar en el mundo de las estrellas. El oscuro drama al que se enfrentan después de que la industria visual les haya arrebatado todo y dejado completamente en la ruina. Irán a Los Ángeles a cumplir un ideal y se verán sumidos en la degradación y el declive del mundillo audiovisual que determinará el resto de sus vidas.

Menudo horror de película. No la veáis. No merece la pena. Algo así pensaba escribir. Pero, digo yo, a lo mejor no es tan horrorosa cuando aún sigo pensando en ella.


En el sitio donde miro las películas en cartelera, Maps to the stars contaba con una excelente crítica por parte de los expertos y con una media de tres sobre cinco por parte de los espectadores. Ya he sido advertida en varias ocasiones de que no hay que fiarse de las críticas, pero no pude evitar que eso me hiciese pensar que merecería la pena verla. También sentí curiosidad por ver cómo se desenvolvían las caras conocidas (Mia Wasikowska, Robert Pattinson, Julianne Moore...), y eso que normalmente las caras conocidas me dan igual o me repelen. Pero no me fijé en que esa media de tres sobre cinco provenía de un uno y medio y un cuatro. ¿Podríamos encontrarnos ante una de esas obras que cumple la clásica regla de "o la amas, o la odias"?


Yo la odié mucho, mucho, mucho. Pero a lo mejor amé alguno de sus segundos.

Me daba asco cada uno de sus personajes. Me daba asco el mundo Hollywoodense retratado. Me daba un poco de asco todo en general. Esperé unos minutos a que mejorara, hasta que llegó un momento en que vi que no lo hacía y me di cuenta de que no iba a hacerlo. Entré entonces en la etapa de "No puedo estar metida en esta sala viendo esta película; no puede ser que tenga que verla hasta el final; no puede ser que yo haya propuesto verla y que la gente que me acompaña haya aceptado. Cuando esto acabe saldré corriendo antes de que me pillen".


Diálogos y diálogos. Hoy he leído esas críticas de las que hablaba una por una y he encontrado que David Cronenberg (el director), concibe el cine como un busto hablando. Pues se nota. Y me parece muy bien, porque me gustan los diálogos más que las batallitas o la acción trepidante. Pero mientras escuchaba (y leía los subtítulos) los de Maps to the stars iba entrando paulatinamente en un estado de desconcierto y estupor. Qué diálogos tan absurdos. Aunque a lo mejor ahí reside su gracia: los diálogos son absurdos en la vida real.


Hasta bien entrado el filme, no me enteraba de mucho. La cámara iba cambiando de localización, de una vida a otra, y no veía las conexiones ni los hilos ni nada de nada. Eso sí, pese al aburrimiento y a la apatía ante lo que estaba presenciando, que a veces rozaba lo rocambolesco (aunque la realidad supera la ficción), no me dormí, quizá porque estuve entretenida en colocar las piezas correctamente para formar el puzzle. Y si algo me gustó de Maps to the stars es que no es una historia convencional o que lo dé todo masticado, sino que el espectador tiene que hacer cierto esfuerzo por situarse y entender qué pretende contarnos. Y llega un momento en que las claves aparecen y se hace la luz, pero no de repente, sino poco a poco, pasando por la penumbra.

Howard Shore, compositor de El Señor de los Anillos o El Hobbit, se hace cargo de una banda sonora que destaca por... Bueno, que no destaca. En realidad no me acuerdo de haber escuchado música alguna, excepto la de los créditos finales.


Comedia negra, negra (casi drama): maldad, fetidez, personaje con cara de necesitar una torta, sexo, absurdo, maldad, personaje con cara de necesitar una torta, fetidez, violencia, maldad, personaje con cara de necesitar una torta. Todo eso y en esas proporciones aproximadas se puede encontrar en esta película que, rozando el final, sorprende con varias escenas. Algunas de ellas tan inesperadamente desagradables que, mientras el público se tapaba la cara, yo miraba fijamente la pantalla y sufría un ataque de risa silencioso y prolongado. Como si fuera una psicópata.

(No me pidáis hablar de las actuaciones, que no entiendo de eso. Pero creo que bien. Al final me terminaron cayendo bien los personajes y todo.)

¿Balance final? No pagaría por verla. Pero me hizo escribir esto.

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