viernes, 25 de septiembre de 2015

Angelina y el Nuevo Mundo; de Carmen Martínez Gimeno

"- Me llamo Paloma.
- Está lindo tu nombre.
- ¿Hablas así porque eres de Guatemala?
- Eso creo.
- Guatemala está en América.
- Así es.
- Cristóbal Colón descubrió América.
- No, mi niña, no la descubrió.
- Sí. Yo lo he estudiado. Fue en 1492.
- No te vayas a enojar, mi niña, pero no fue así. Yo apenitas alcancé a ir a la escuela, pero sí estaba el día en que la maestra explicó bien clarito el viaje del señor Colón. Navegaba con sus tres carabelas buscando un paso para las Indias y se perdió en la mar; ya se moría de hambre con sus hombres cuando desembarcó en las tierras donde habitaban desde antiguo mis antepasados, cultivando sus milpas, cuidando sus animalitos, disfrutando de la vida, pues. Colón se asombró al verlos y no supo dónde estaba, por eso los llamó indios; mis antepasados se asombraron al ver al señor Colón con sus extraños ropajes y tampoco supieron de dónde venía, por eso lo imaginaron un dios. No, Cristóbal Colón no descubrió América, no se puede descubrir un lugar que ya está habitado. Es como si yo ahorita que llegué de Guatemala dijera: ¡Miren, descubrí España!"

SINOPSIS
«Angelina llegó a España con los ojos muy abiertos y un ligero temblor de rodillas que fue aumentando a medida que se acercaba al puesto de aduanas»: así comienza esta novela, ambientada en los años dorados de la joven democracia española, cuando se vivía la quimera de ser un país rico europeo y comenzaron a llegar inmigrantes de todas partes del mundo, sobre todo de América Latina, en un flujo inverso al seguido desde finales del siglo XV tras el desembarco en América de los navegantes españoles. 
A sus pocos años, Angelina se ha dejado convencer por su abuela para abandonar su Guatemala natal y viajar en busca de un Nuevo Mundo. ¿Encontrará El Dorado o las Siete Ciudades de Cíbola en las tierras españolas a las que acaba de llegar? ¿O acaso será el amor lo que descubra? 
Mezcla de tradiciones y modernidad, en esta narración se propone una mirada nueva de las cosas, una realidad maravillosa que sigue una lógica distinta. La trama no está exenta de sorpresas que mantendrán en vilo al lector hasta el final. 

Antes de acercarme a Angelina y el Nuevo Mundo, me acerqué a Carmen Martínez Gimeno. O ella se acercó a mí, no estoy segura. Fue en la presentación de un libro de otro autor cuando tuvimos oportunidad de charlar, y como me gustó su visión de las cosas en general y de la literatura en particular, quise probar con una de sus novelas (de las cuales creo recordar que no me habló en ningún momento de la conversación, y para mí la mejor publicidad es a veces la ausencia de publicidad). 

Después de acercarme a la autora me acerqué a su blog. Y finalmente, un buen día, la lectura de una de sus entradas hizo que me enamorara de un fragmento de esta novela. Y así llegué a conocer a Angelina, su linda voz y sus ojos de española.

Supongo que no soy la única persona que alberga suspicacias respecto a las novelas autopublicadas de Amazon. Como todo el mundo puede publicar, hay un gran riesgo de toparse con textos insuficientemente trabajados, de modo que cada vez tengo más cuidado a la hora de seleccionar las lecturas expuestas en ese gran gigante digital. Un vistazo a las primeras páginas ayuda mucho, y en este caso me confirmó que Carmen (traductora, editora, correctora y profesora, amén de escritora) se maneja estupendamente entre las letras. Más avanzada la lectura, comprobaría que además la autora sabe de lo que habla: parece bien trazado ese fondo histórico y cultural guatemalteco sobre el que se asientan las vidas de los personajes, y parece bien creíble y natural su modo de platicar (no han sido en vano sus viajes a América). Y nótese el "parece", porque esto es una opinión no más; quién soy yo y qué son mis escasos conocimientos para decidir lo que está bien o mal documentado.

Angelina y el Nuevo Mundo trata de eso: de la llegada al Nuevo Mundo de Angelina, una niña proveniente de un país (Guatemala) donde las niñas se ven obligadas a madurar más rápidamente que en el nuestro. Una niña sin padres ("A mi papá lo mataron los militares por no aguantarse y querer defender sus derechos pisoteados y mi mamá murió del sufrimiento porque era pobre y nadie la ayudó"), cuya abuela decide que su mejor futuro se encuentra en España.
"-[...] Mi abuelita quería protegerme como se protege a un hijo, dándome lo bueno de su corazón, y me envió a España pensando que acá la ley me cuidaría para que no me maltraten, no me den susto, no me hagan sufrir, pensando que viviría segura, trabajando por mi gusto y ganando bien, porque ustedes tienen derechos humanos."
Angelina aterriza en Madrid y no son fáciles los inicios, conoce a mucha gente mala y buena, los rincones de la ciudad enorme, los pasillos del metro, el verde parque del Retiro. ¿Encontrará esos "derechos humanos" que vino a buscar? 

Se trata de una historia corta pero bien narrada, impregnada de la cultura guatemalteca, un poco mágica y con unos diálogos deliciosos. El habla propia del otro lado del Atlántico (algunas de cuyas expresiones suelen resultarme entrañables) está tan bien reflejada que casi se puede escuchar el acento. Observamos nuestro país desde ese ángulo cultural y lo vemos un poco distinto; las cosas que no parecían importantes ahora llaman nuestra atención, porque estamos metidos en la piel de Angelina.

Flojea para mi gusto cuando empieza a intercalar las vivencias de la abuela en Guatemala con las de su nieta en España, pues en ese punto había cogido tal simpatía por Angelina que ya no me apetecía saber qué era de doña Chona. No obstante, admito que es un punto de vista que enriquece la novela. A parte de aportar los conocimientos sobre el país en el que ha echado raíces, doña Chona es una ilol o curandera y, a través de hierbas y rituales, sabe cuidar de los suyos y maneja la muerte casi tanto como la vida. 

Y el final, aunque no es malo, también me ha traído una pequeña decepción. Me hubiera gustado algo más... apoteósico. No quedarme con esa sensación de suspenso, como de no haber terminado de salir de la historia o de haber dejado una puerta sin cerrar.

Pero, ¿sabéis que hace tiempo que soy incapaz de usar mi lector de ebooks? Necesito libros en papel, lo digital se me hace tan distante... Sin embargo, he leído esta novela íntegramente en el teléfono móvil; debe ser que sus letras son tan cercanas y tan cálidas que neutralizan la frialdad de la pantalla de cualquier aparato.


Os animaría a buscar en Amazon y someter a examen las primeras páginas de Angelina y el Nuevo Mundo: las probabilidades de que os gusten son altas. Porque tiene el regusto de la literatura de antes, de mi literatura de antes. Seguir las aventuras de la pequeña protagonista guatemalteca ha traído a mi memoria aquella época en que de niña seguía las aventuras de otros niños, como la Celia de Elena Fortún. Angelina es inocente pero madura, capaz de hacernos pensar con sus sentencias, porque pese a lo joven que es, ha experimentado lo suficiente como para empezar a vislumbrar la sabiduría

sábado, 5 de septiembre de 2015

Luna de verano; de P.G.Wodehouse

"Jane examinaba su plato de entremeses, lamentando amargamente, como siempre ocurre, la equivocación que había cometido al elegirlos.
-No le pasa a usted -dijo a Joe- que después de que le sirven los entremeses se da usted cuenta de que lo que realmente quería era sardinas?
-Creo haber explicado bastante concretamente que lo que quiero es a usted.
-No, hombre. Quiero decir sardinas en vez de ensaladilla de patatas y berza en vinagre.
-Vale más no extraviarnos por los caminos de la ensaladilla de patatas -dijo él-. Me parece que no se ha dado usted cuenta de que le he dirigido el máximo piropo que puede dirigirse a una mujer, como he leído no sé dónde.
-Ya, ya lo he notado.
-Entonces, vayamos al grano y dejémonos de esas banalidades de la berza en vinagre y demás. Le he pedido que se case conmigo. ¿Por qué no acepta?
-Porque he hecho a mamá solemne juramento de no dar promesa de casamiento a un hombre a los cinco minutos de conocerlo."

SINOPSIS
Es verano en el castillo de Sir Buckstone Abbott, y el buen tiempo enciende las pasiones: Joe Vanringham languidece por Jane Abbott, quien a su vez suspira por Adrian Peake y cree ser correspondida por él. Pero Joe sabe algo que Jane ignora: Adrian es una especie de perrito faldero -o gigoló, según los días– de señoras acaudaladas y, ahora, está comprometido con nada más y nada menos que la princesa Von und Zu Dwornitzchek, antaño conocida como señora Vanringham... Y hay una vuelta de tuerca más en esta divertidísima ronda de pasiones estivales: el padre de Jane, el no menos tremebundo sir Buckstone Abbott, ha planeado venderle su solariega –y horrible– mansión a la princesa para salvar así sus maltrechas finanzas.

La recomendación tan insistente de este autor por parte de Ana González Duque fue lo que me llevó a elegir esta novela como indudable candidata para participar en la iniciativa Serendipia Recomienda 2015. Además, por fin iba a descubrir qué era esa humor británico que a tanta gente le gusta. Y que, visto lo visto, a mí no me genera demasiado entusiasmo. Creo que han sido más carcajadas lo que he echado en falta. 

La lectura ha resultado agradable, eso sí. Creo que es muy posible que encante a determinado tipo de lector: ese del que hablaba, el que ama el humor inglés. La forma de expresarse del autor me ha parecido una mezcla encantadora de ironía y lenguaje bucólico, que llama la atención desde el inicio:
Era una espléndida mañana dorada y azul, de nubes aborregadas e insectos que zumbaban a la luz del sol. Lo que el locutor del boletín meteorológico de la BBC -que puede equivocarse como cualquier hijo de vecino- hubiera llamado "una zona de alta presión atmosférica que se extiende al sur de las islas Shetland sobre gran parte del Reino Unido", funcionaba perfectamente.
Tampoco los personajes están mal: uno puede reírse de ellos para sus adentros, por sus ocurrencias y las situaciones en las que se ven envueltos, aunque no se llega al punto de encariñarse, de sentir con ellos, de echarlos de menos y no olvidarlos nunca jamás. Quizá no quede más remedio y sean así las cosas en la comedia: uno se puede divertir con una caricatura, pero difícilmente llegará a amarla, al no sentirla próxima a su realidad. 

En Luna de verano encontramos enredos amorosos en toda regla. Iba a calificar la novelita de sencilla hasta que me he acordado de lo que me costó seguir cada uno de los hilos que entretejían el enredo. Que si el enamorado, que si la prometida, que si el padre, que si el yerno, que si el otro enamorado, que si la otra muchacha, y luego los nombres y los apellidos y los parentescos varios. Alguno diréis que no es para tanto, pero yo a veces tenía que pararme a respirar para recomponer en mi cabeza todo el cuadro.

No puedo dejar de comentar otra cosa buena que he sacado de esta lectura: conocí una preciosa librería de segunda mano llamada Arrebato Libros. De esas llenas de tesoros "enterrados", con libreros encantadores y marcapáginas incluido en la compra. Y una puerta de entrada a la que dan ganas de sacarle fotos desde todos los ángulos.


Aunque Luna de verano no ha cumplido mis expectativas, tampoco me ha hecho sufrir. He llegado a percibir en ella un encanto especial que me permite entender que pueda entusiasmar a cierto tipo de lector. Cierto tipo al que parece que no pertenezco.

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