miércoles, 31 de agosto de 2016

El trepanador de cerebros; de Sara Mesa

"Hay fuegos artificiales y conciertos, un espectáculo en el lago artificial de agua y luces que se entremezclan, danza y teatro; hay también latas desperdigadas por el suelo y olor a orines en las esquinas, niños rientes y niños llorosos, gente que se divierte y gente que se aburre; hay un poco de todo pero, al mismo tiempo, uno podría echar de menos cualquier cosa."


SINOPSIS
¿Qué tienen en común un enano cegato que desea vender su alma, un entomólogo argentino de orígenes brumosos, una pareja de simpáticos gemelos ladrones, una niña prodigio, una chica sin raíces, una polaca ausente, un científico albino y deforme con decenas de amantes misteriosas? La respuesta está en los lugares de una ciudad demencial y ruidosa, en los barrios cochambrosos, los parques temáticos, los centros comerciales, los laboratorios donde empleados sin sueldo se dedican a medir moscas de la fruta. Narrada con un lenguaje fresco, lleno de imágenes sorprendentes, esta novela ahonda en los equilibrios de las relaciones personales de un grupo de personajes estrafalarios -aunque inquietantemente cercanos-, y en los límites a los que uno es capaz de llegar con tal de ser aceptado por el grupo.

"Imágenes sorprendentes", "personajes estrafalarios", y la sinopsis me hizo sentir fascinada y temerosa a un tiempo. Fascinada, porque amo lo que me sugieren esos dos pares de palabras; temerosa, porque es rara la vez que una novela descrita con ellas consigue enfocarlas de un modo que no me resulte azaroso e incomprensible.
"En el número 27 del Pobal, 3º izquierda, habitación del fondo, durante un intervalo aproximado de seis meses, se producen inquietantes reuniones nocturnas. Para los personajes que las protagonizan el día se resbala casi sin querer, únicamente expectante de la noche y de sus sombras."
Sufrí con las primeras páginas de esta primera novela de Sara Mesa. Sufrí porque quería disfrutar de Sara Mesa (tanto y tan positivo que había oído hablar de ella) y no lo estaba haciendo. Imágenes sorprendentes y personajes estrafalarios, pero todo el rato la misma imagen y los mismos personajes, un capítulo tras otro tirados en un desordenado piso, el argentino entomólogo, el enano elegante, los gemelos, su teatral hermana, Silvia y su pareja el Chamán, todos hablando de cosas sin sentido, haciendo cosas sin sentido, quizá una crítica encubierta a algo que no sabía yo ver... 

Me planteé dejarlo. Decir "adiós, Sara Mesa, nos vemos en otro de tus libros, pero con este, no puedo más". Pero lo que no puedo es dejar lecturas a medias, así que tuve que seguir. Al fin y al cabo, ciertos pasajes entre los párrafos dejaban entrever que no era horrible del todo, había destellos de luz en todo ese bosque de palabras en sombra, frases con un sabor que apetecía volver a paladear. Y por fortuna los destellos fueron creciendo, transformándose ya no en soles, pero sí en bombillas y lámparas, y empecé a ver más allá, entre los agujeros de las aes, las es y las oes, y entre las raíces de las ges y entre las ramas de las tes.

La novela desarrolla una sátira social compuesta de situaciones absurdas y familiares al mismo tiempo. Ninguno de los personajes principales es normal (a ninguno le falta su excentricidad), y los secundarios, los que forman parte del paisaje, esos sí parecen normales, pero es una normalidad de felicidad prefabricada y rutina de rebaño.

Edgardo Negroni, un entomólogo argentino con acento incluido, es el nexo de unión (y pilar económico) de un grupo variopinto que convive, entre idas y venidas, primero en la habitación de un piso compartido y después en un semisótano nada confortable y lleno de "animales de compañía" (cucarachas, ratones...). Conocemos a Silvia y su pareja psicológicamente inestable, el Chamán, a unos gemelos cleptómanos y a su pequeña hermana, y pronto llega el distinguido enano cuya alma compra el argentino a través de eBay. Los conocemos a ellos y después se les unen algunos excéntricos más (Seisdedos, el Dr. Gottem), y vemos cómo se relacionan con esa sociedad que parece tan ajena a ellos, y si bien hay un pequeño hilo argumental para cada personaje, el que adquiere más protagonismo es Silvia: sus múltiples empleos, sus pensamientos, sus traumas arrastrados del pasado.
"Silvia decide que tiene que acabar con el asunto cuanto antes, entreabre los labios y se deja besar. Siente una lengua que le está invadiendo la boca, las encías, los dientes; una lengua ajena, y blanda, y salivosa, que busca su propia lengua retraída; un beso ansioso y podrido que ella acepta durante unos segundos hasta que tiene que retirarse, vencida por el asco, violenta y jadeante."
La mejor escena de un beso que he leído. ¿Verdad que es asquerosamente hermosa? Me ha gustado la escritura de Sara Mesa y creo que merece más la pena el desarrollo de la historia que su final, que me ha parecido un tanto descafeinado, aunque el epílogo revela un detalle interesante


Lo cierto es que, haciendo balance final, me doy cuenta de que no he quedado indiferente y guardo buen recuerdo la lectura. El trepanador de cerebros es, diría yo, una forma arriesgada de comenzar a conocer a esta escritora cuyo nombre se ha estado haciendo notar cada vez más. Aunque habrá que ver cómo son el resto de sus obras. Yo, desde luego, me he quedado con las ganas y espero ponerle remedio.

domingo, 21 de agosto de 2016

Donde las calles no tienen nombre; de Mónica Rouanet

"La soledad era oscura y se acababa de instalar junto a ella, escudriñándola con sonrisa siniestra. La sentía ahí, en la clandestinidad, esperando el momento de hacerse visible."

SINOPSIS 
María del Pilar González de Ayala tiene 35 años cuando huye de la casa materna en el barrio de Salamanca, harta de una madre amargada, castradora y machista que la ha convertido en una "inválida social". El accidente sufrido por su padre junto a su nueva pareja y el asesinato de Gonzalo, el pretendiente que la abandonó en vísperas de su boda, son otra motivación para iniciar una vida propia bajo un nuevo nombre: María González. María sospecha que su madre tuvo relación con esas muertes y, por ello, como detective improvisada, irá descubriendo toda una red de mentiras que implican a su familia, prototipo de aquella burguesía madrileña que enterró y nunca reconoció su apoyo al franquismo con la llegada de la Transición.

Hace tiempo ya que acudí a la presentación de esta novela en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid. Había leído con buenos resultados la anterior obra de la autora (El camino de las luciérnagas) pero hasta ahora ésta ha permanecido a la espera, intervalo durante el cual han sido ambas leídas por otra persona que vota por la primera. Yo no sabría por cual decantarme, pero la balanza se inclina hacia el libro que traigo hoy.

Donde las calles no tienen nombre toma el título de la canción de U2 Where the streets have no name. En ella la autora desarrolla una trama familiar cuyo punto fundamental es el desarrollo detallado de los odios y anhelos que llevan a actuar a cada personaje, con mención especial a dos de ellos: la madre y la hija.

La madre, Doña Pilar, una mujer de ideología retrógrada, es fácil que termine siendo bien odiada por el lector. Impone su autoridad a su hija María, siempre María del Pilar para ella, cuya vida se empeña en dirigir en todos los ámbitos, incluso el sentimental. Las mujeres están para hacer felices a los hombres, para ser buenas esposas y madres, no hay por qué montar ningún espectáculo ante las infidelidades, siempre mantener impoluto el nombre de la familia, qué hay peor que un escándalo, un mal menor ese desliz sexual de tu pareja... Quizá, disponiendo de una capacidad empática lo suficientemente desarrollada, pueda hallarse justificación en el modo despótico y egoísta de pensar de Doña Pilar. Yo estuve intentándolo toda la novela y lo conseguí a medias.

Habiendo vivido desde su más tierna infancia con semejante madre, María no ha tenido más remedio: se ha convertido en una joven mujer insegura, siempre causando impulso de protección en los demás, sin encontrar valor en sí misma, creyéndose dependiente e incapaz de seguir adelante si no es siguiendo el camino que Doña Pilar ha ido extendiendo frente a ella. A lo largo de la novela María intenta salir de esa cárcel de indefensión en la que se cree encerrada, tiene que hacerlo porque quiere resolver una interrogante: el artífice de la muerte de su padre y de su mejor amigo. ¿Están relacionadas? ¿Tiene su madre algo que ver?

El resto de personajes que aparecen, los dos hermanos de María, su psicoanalista, amigos y parejas, antepasados... añaden sus motivaciones a las del resto para formar parte de un juego en el que unos a otros se lanzan la bola de "sospechoso culpable" 


Tenía ganas de quedar pegada a una novela del mismo modo que he quedado pegada a Donde las calles no tienen nombre. Hacía mucho que no leía, por ejemplo, casi cien páginas en un día. Tampoco cualquier libro me incita a abrirlo en el intervalo de sentarme en un banco para hacer un pequeño descanso durante una visita turística a una ciudad al otro lado de Europa. Todo eso lleva a concluir que Mónica Rouanet ha combinado palabras de alguna manera especial para lograr una fórmula mágica.